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13 noviembre 2011 7 13 /11 /noviembre /2011 02:45

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Esta leyenda medie­val apa­rece en el Libro de las mara­vi­llas del mundo, de Juan de Man­de­vi­lla, esc­rito en torno a 1350. Se des­co­noce la fuente de la cual la tomó el autor inglés, aun­que pro­ba­ble­mente se trate de una crea­ción pro­pia, al menos en la parte que intenta expli­car el auge y caída de la Orden del Tem­ple.

 

Cuenta Man­de­vi­lla que en el lejano reino de Arme­nia, más allá de la ciu­dad de Layays, sobre una escar­pada roca, se eleva un viejo cas­ti­llo en una de cuyas salas hay una percha de cetrería her­mo­sa­mente for­jada. Sobre la percha des­cansa un gavilán que es cui­dado día y noche por una her­mosa dama de la raza de las hadas. A todos los que lle­gan al cas­ti­llo, si son capa­ces de vigi­lar al gavilán durante siete días y siete noches, la dama les con­cede un deseo. Pero ¡ay de aquel que se quede dor­mido durante ese tiempo!, por­que enton­ces se des­va­ne­cerá como un sueño y nadie vol­verá a saber de él.

 

Entre los que pasa­ron la prueba se cuenta un rey de Arme­nia, quien tras haber reci­bido noti­cias sobre el cas­ti­llo lo buscó sin des­canso hasta encon­trarlo. En su inte­rior halló la percha con el gavilán, al que guardó durante siete días y siete noches.

 

Cuando se cum­plió el plazo, apa­re­ció la dama y le pre­guntó qué era lo que deseaba, pues le sería con­ce­dido. El rey res­pon­dió que no quería rique­zas ni poder, pues de uno y otro tenía en abun­dan­cia. Y en ver­dad que hasta enton­ces no había pen­sado pedir nada, pero en aquel momento, mien­tras miraba a la dama, esta le pare­ció suma­mente her­mosa, mucho más que cual­quier mujer a la que hubiese abra­zado nunca y le dijo que deseaba estar con ella una noche.

 

 

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La dama res­pon­dió que, además de pare­cerle indigno que inten­tase apro­vechar la situa­ción para satis­fa­cer sus bajos ins­tin­tos, aque­llo que pedía le era impo­si­ble de cum­plir, pues solo podía con­ce­der dones terre­na­les y ella misma era un ser espec­tral. Por tanto, con­ce­dió, haría como si nunca hubiese escuchado sus pala­bras y le daría la opor­tu­ni­dad de hablar de nuevo.

 

Pero como el rey, terco, seguía soli­ci­tando lo mismo, ella le des­pi­dió dicién­dole que ya que no pedía nada, le con­ce­dería algo por volun­tad pro­pia: desde aquel momento, él y sus des­cen­dien­tes no dis­fru­tarían de un solo momento de paz, serían vasa­llos de sus ene­mi­gos y verían como sus bie­nes dis­mi­nuían hasta desa­pa­re­cer. Y así fue, dice Man­de­vi­lla, puesto que durante muchos años el reino de Arme­nia estuvo en gue­rra con los sarra­ce­nos y se vio obli­gado a ren­dir­les tributo.

 

Al Cas­ti­llo del Gavilán llegó tam­bién un hom­bre pobre que pasó con éxito la prueba. Como pre­mio dijo a la dama que le gus­taría poseer muchos bie­nes y saber comer­ciar con ellos. La dama se lo con­ce­dió y este hom­bre llegó a con­ver­tirse en el mer­ca­der más prós­pero y cono­cido de su época, aun­que su nom­bre no se ha conservado.

Asi­mismo, vigiló al gavilán durante siete días y siete noches, sin dor­mir un solo momento, un caba­llero tem­pla­rio, quien pidió a la dama una bolsa que siem­pre estu­viese llena de oro. La dama se la entregó advir­tién­dole que aque­lla bolsa suponía el fin de su orden, pues debido a su riqueza se vol­verían orgu­llo­sos y caerían pro­te­gién­dola. Así suce­dió, conc­luye Made­vi­lla, que esc­ribía ape­nas 40 años des­pués de que el último gran maes­tre de la orden, Jac­ques de Molay, pere­ciese en la hoguera.

 

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Publicado por leyendas medievales
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  • : Blog sobre leyendas y mitos,está dedicado a esas leyendas medievales, las cuales a través de su relectura nos permiten entender la mentalidad de esa época; sus alegrías, sus sueños, sus miserias etc. Pretende tratar temas históricos desde una vertiente cercana, y amena. La Edad Media y sus mitos regresan hasta nuestros días.
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