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30 marzo 2014 7 30 /03 /marzo /2014 17:32

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Arnau de Vilanova

 

Fue llamado "el médico de Reyes y Papas" y se lo reconoce como uno de los más grandes alquimistas de todos los tiempos. Un personaje fascinante que sin duda se adelantó a su época. Alquimista, médico y filósofo heterodoxo. La figura de este sabio medieval se encuentra rodeada de abundantes incógnitas. Nacido probablemente en Valencia hacia 1235 y muerto en un naufragio, fue objeto de múltiples estudios e hipótesis, que durante cierto tiempo no se pusieron de acuerdo ni siquiera sobre su verdadera patria. Arnaldo, o Arnau, de Vilanova es en todo caso el prototipo de sabio esotérico y alquimista, dedicado en gran medida al Arte Real.

 

Es muy posible que recibiera su primera formación en un convento de dominicos. Posteriormente se trasladó a Barcelona. Montpellier y Nápoles, ciudades en las que residió poco tiempo, pero que le sirvieron para ampliar sus conocimientos. Escribió en estos años varios tratados sobre medicina, que se convertirían en obras claves durante siglos. Empleaba remedios basados en recetas populares, pero tampoco descartaba los amuletos, como la esmeralda, que fue muy empleada desde la más remota antigüedad como el mejor antídoto contra la epilepsia. Vilanova fue también un conspicuo astrólogo, que afirmó en uno de sus tratados que el hombre puede realizar grandes empresas si sabe aprovechar la influencia de las estrellas. Creía también que las enfermedades dependían, en buena medida, del movimiento de los astros.

 

Aunque el vilanovense se sirvió de la alta magia, y supo emplear amuletos, conjuros y signos cabalísticos, despreció la magia burda; la que, a su criterio, se apoyaba exclusivamente en manejos y prácticas carentes de valor. Pero, sobre todo, fue a la alquimia a la que dedicó mayor atención. A este respecto conviene apuntar que son muchos los autores que no dudan en afirmar que Vilanova fue el fundador de la química moderna. Con respecto a su trabajo alquímico, creía que la Piedra poseía una naturaleza doble, y que dependía de cuál de esas dos naturalezas la poblase en un determinado momento para conseguir la transmutación del oro o de la plata.images(2)

Los éxitos y la fama de Arnau de Vilanova le llevaron a la corte aragonesa, en donde se le encomendaron una serie de gestiones diplomáticas que llevó a cabo con acierto. No obstante, ciertas predicciones suyas y algunas de sus afirmaciones —como la de que la caridad es una virtud mucho más importante que el cumplimiento de ciertos preceptos, corno el de asistir a misa: o que las bulas papales no dejaban de ser otra cosa que invenciones de los eclesiásticos—, le hicieron objeto de la suspicacia y, posteriormente, de la persecución de la Iglesia. Sus obras fueron quemadas y, aunque abjuró de "todos sus errores", no se libró de ser encarcelado. Afortunadamente, gracias a sus magníficas dotes como médico, pudo abandonar su prisión, al curar al papa Bonifacio VIII que le había mandado llamar. Finalmente, regresó a la corte del rey Fadrique de Sicilia. En 1314, pereció en un naufragio cuando se disponía a llevar a cabo otra de sus misiones diplomáticas.

 

Durante siglos perduró la fama de Arnau de Vilanova. Médico, alquimista, adivino y maestro esotérico por excelencia, no sólo se dedicó a su ciencia hermética, sino que también supo adecuar sus conocimientos al mundo en que le tocó vivir.Arnau, efectivamente, prefigura a los hombres del Renacimiento en su polifacetismo, en el interés que tuvo por todas las ramas del saber. Frecuentemente se le ha comparado a Paracelso, pero también pueden encontrarse sin dificultad similitudes con Giordano Bruno, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola y otros muchos. Al mismo tiempo, Arnau es heredero de la gloriosa tradición esotérica anterior, personificada en figuras como San Alberto Magno, Roger Bacon, Joaquí­n de Fiore, Avicena o Galeno a quienes leyó y tradujo. Arnau es profundamente universal y, en tanto que tal, es decir, al no sentirse ligado a ninguna tierra, encarna los valores de lo que, con Evola, hemos dado en llamar "Luz del Norte".

 

Tampoco se detuvo a la hora de propugnar las reformas que, a su juicio, deberían hacerse en muchas instituciones que consideraba profundamente deterioradas, empezando por la Iglesia. Arnau de Vilanovafue un excelente médico de cuerpos, y un incansable fundador de hospitales y de centros de asistencia para los pobres y enfermos. Pero además de toda esa loable labor, también quiso ser un auténtico curador de espíritus. Ésta fue una de las metas de su vida, y por ella padeció injusta persecución.

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El concepto que tení­a Arnau de la ciencia médica entroncaba directamente con el saber hermético de su tiempo. Percibí­a en todas las cosas un "spiritus" que se manifestaba de distintas maneras, algo así­ como la fuerza vital que nos mantiene en pie y activos. Ese "spiritus" equivale, en su concepción, a una forma de energí­a capaz de ser transmitida de un ser a otro, mediante un proceso de sanación o bien susceptible de ser mermada por distintos factores que generarán enfermedad.

 

La posibilidad que el "médico" tiene de influir sobre el "spiritus" deriva de la estructura misma del cosmos. El hombre no puede influir sobre lo que es superior a él -Dios, los ángeles, etc.- pero sí­ sobre aquellas fuerzas "elementales" que se sitúan debajo suyo en la escala jerárquica. Captar y reconducir la fuerza de estos principios "elementales" de la naturaleza es la tarea del médico.

 

 

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Johannes de Ruspecissa

La figura de Johannes de Ruspecissa, ( en catalunya como Joan de Peratallada) menos conocido en el panorama general de la alquimia, está ligada a la de Arnau de Vilanova y  a la e Ramon Llull, pues juntos forman la triada de los grandes alquimistas catalanes medievales. Se trata de un personaje bastante enigmático del que se tienen pocos datos conocidos. De entrada no podemos asegurar que fuera catalán, ya que algunos han postulado que era francés, aunque sabemos que estuvo en en tierras catalanas. Estudió filosofia en Toulose para ingresas posteriormente en el monasterio de Orleans, donde continúo sus estudios varios años. A partir de ese momento comienza a aparecer su obra escrita a la par que sucden sus encarcelamientos a los que fue sometido durante gran parte de su vida, debido a la naturaleza de sus escritos donde  denunciaba la corrupción de la iglesia católica de su tiempo. Pertenecía a los llamados fraticelli una secta surgida en la orden los Franciscanos durante la baja Edad Media, separada por tener diferentes concepciones sobre la verdadera pobreza.

 

Hacia la mitad del sigo XIV, Rupescissa se dedicó a la alquimia, especialmente en el área de la quintaesencia. El franciscano definía la quintaesencia como el espíritu del vino, el cuál se obtenía al destilar varias veces éste brebaje.

 

La receta de la quintaesencia según Rupescissa consta de elegir un vino que no sea ni claro ni denso, pacífico a la vista y de buen sabor. En resumen, un buen vino. Hay que destilarlo muchas veces a goteo, hasta obtener el "aguardiente" (Aqua ardens). Desde entonces, el método de obtención del alcohol, es decir, la destilación, se empezó a utilizar con más frecuencia. Se dice que Juan de Peratallada fue uno de los precursores de lalatroquímica .

Luego de llegar a Aviñón en 1349, Juan de Rupescissa se dedicó a la creación de libros proféticos, como Visiones seu revelationes, Liber Ostensor y Oraculum Cyrilli, entre otros.

Permaneció preso hasta su muerte en Aviñón en 1366.

Johannes escribió “Consideraciones sobre la Quintaesencia” (Consideratione quintae essentiae), un tratado de suma importancia que más adelante sería la base para la medicina química. En él, Peratallada sostenía que el cuerpo humano no podía mantenerse vivo al coexistir con sustancias corruptibles, y necesitaba de una sustancia pura, superior a los cuatro elementos, que fuese incorruptible y perfecto. Llegó a la conclusión que el eter o quintaesencia que propuso Aristóteles no era más que el alcohol destilado del vino. Fue tal su relevancia, que los farmacéuticos del tiempo decidieron utilizar el alcohol, pomoviendo una nueva forma de farmacopea, y posteriormente a la farmacia. Incluso se pensó en nombrarla como una especie química.

 

Otra obra reconocida es “El libro de la Luz” (Liber Lucis) donde describe el horno alquímico de la época. Además, en el libro agregó una profecía, la cual combinó la alquimia con el joaquinismo, al decir que la Piedra Filosofal es necesaria para alcanzar la liberación del espíritu.

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En la mayoría de los casos la relación mujer-alquimia está más cerca de un concepto extático que de la pura realidad operativa. Al parecer ha gustado mucho el arquetipo de la Sorror Mística, esa Lorenzana Feliciani compañera del Conde Cagliostro, que nos limita a ser inspiradoras y apoyo espiritual del hombre alquimista. Así, cuando el comentarista ocasional abre el "Mutus Liber" y ve trabajando a una señora, no puede dejar de citar esa endemoniada expresión, "Sorror Mística", a pesar de que se la ve siempre remangada, totalmente metida en faena y tratando de igual a igual a su acompañante. Se nos ha marcado con un caracter de musa que, en mi opinión, sólo es acertado en casos muy concretos. Suele hablarse mucho de la buena Perenelle, mujer de Nicolás Flamel, haciendo de ella el paradigma de la compañera espiritual. Nada más lejos de la realidad. Hoy sabemos que la boda del célebre escribano de París fue atada por la conveniencia. Los documentos notariales demuestran que Flamel luchó hasta el final por el testamento de su mujer (ella venía de dos matrimonios anteriores que la habían colocado en una situación acomodada). Ya en el lecho de muerte y apenas cuatro días antes de morir redactó, debido en gran parte a la influéncia de su confesor particular, el codicilo final que hizo favorecido único a su marido. Para comprender la feliz vida de la pareja basta decir que Perenelle le desheredó durante largo tiempo en beneficio de sus familiares más próximos, una hermana y varios sobrinos. Desde luego la relación entre ambos no tiene nada que ver con el himeneo idílico que sostiene la Tradición Hermética.

 

La conclusión a la que quiero llegar con todo lo antedicho es que el concepto "Sorror Mística" surge en una ciencia que es indudablemente de hombres, que tiene una conciencia evidentemente machista, y donde el vículo mujer-alquimia se ha querido sustituír por el de mujer-hombre alquimista. Es evidente que el papel habitualmente pasivo al que hemos sido relegadas las mujeres dentro del desarrollo científico europeo hasta bien entrado el siglo XX ha tenido fiel reflejo en el llamado Arte Hermético, que ha preferido la imagen de las flores piadosas a la de las grandes sabias y maestras prácticas.

Los detalles que tenemos a cerca de damas diestras en el laboratorio son absolutamente extraordinarios y se refieren a anécdotas graciosas o a pequeñas reseñas históricas sin más validez que la meramente documental. He aquí algunas muestras:

María la judía

 

Aunque no está cronológicamente dentro del Medievo, nos hemos permitido incluir a Maria la Judía en este artículo, pues me parece notorio destacar la presencia de esta mujer alquimista en la historia.
No es la única mujer practicante del "Arte Sagrado" en tiempos lejanos. Conocemos a Theosebia, a Paphnutia y a una supuesta Cleopatra (muy dudosa) que, al parecer, se animaron a trabajar los metales y minerales con igual soltura que sus compañeros. Sin embargo es a María a quien todos parecen mostrar como grandísima maestra. Es reconocida como la "Eva" particular de la historia de la alquimia, la primera mujer alquimista. Para que se hagan ustedes una idea de su tremenda antiguedad basta decir que el vetustísimo químico Zósimo de Panápolis (siglo IV) la cita siempre en pasado, venerándola entre los que él llama "sabios antiguos", un exclusivo grupo en el que figuran Demócrito, Moisés, Ostanes, Hermes, Isis, Chymes, Agathodaemon, Pibechios, Iamblichus...... nombre míticos y pseudo-epigráficos que buscaban dar una mayor relevancia al contenido de los textos que encabezaban. El eminente historiador de la alquimia F. Sherwood Taylor comenta que(1): "Uno de ellos, María al Judía, parece corresponder, en efecto, a una persona de carne y hueso y una gran descubridora de la ciencia práctica". Esta idea de María como persona física real es la que actualmente está más extendida entre los estudiosos del tema.

 

Tiene gran fama de diestra operativa que le viene del própio Zósimo, quien al parecer tuvo en sus manos cierta obra suya en la que se hacía una pormenorizada descripción del instrumental en los laboratorios de la época. El propio Panapolita extractó ciertas partes ese texto, siendo la más conocida aquella que se refiere a cierto aparato destilatorio denominado Dibikos o Tribikos (según tuviese dos o tres caños para la destilación). 

      Sabemos que María escribió sobre alquimia. Los historiares mencionan unos Discursos de la sapientísima María sobre la piedra filosofal, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional francesa; se habla también de una Magia Práctica y de una María Práctica. De estos últimos no hemos logrado determinar si son el mismo texto o dos textos diferentes. Pudiera ser también obra suya una Práctica del arte químico, en uno de cuyos pasajes María la Profetisa (aquí confundida con la hermana de Moisés) apunta la importancia del llamado “vaso alquímico”: “Todos los filósofos enseñan estas cosas con excepción del vaso de Hermes, porque es divino, secreto y procede de la Sabiduría del Maestro del mundo; y quienes lo ignoran no conocen el régimen de la verdad debido a la ignorancia del vaso de Hermes”. Y decimos que el texto bien pudiera ser de María ya que la doctrina hermética versa también sobre alquimia, y porque, si es cierto que era una seguidora del culto de Isis, no hay que olvidar que todo el hermetismo deriva de la antigua mitología egipcia en torno al dios Thot. Por último, se han recuperado también algunos fragmentos de sus obras en colecciones de alquimia antigua.

 

En estos textos está seguramente la base teórica de la alquimia, aunque es poco lo que podemos decir sobre tales teorías; lo que sí es posible es suponer que en ellas podemos encontrar el principio básico de los alquimistas: “Uno es Todo y Todo es Uno”, con el que se adopta la noción del macrocosmos-microcosmos. Por ende, tendemos a ver en María a una estudiosa de la naturaleza física y humana que intentaba encontrar la forma de integrar las fuerzas del espíritu con las de la materia, y para lograrlo estaba versada seguramente en la ciencia y la filosofía platónica y aristotélica. Siendo así, podemos suponer que científica y filósofa fue nuestra alquimista, y que seguramente su sabiduría, que yace aún sepultada en el olvido, nos introduciría en su propia manera de ver y hablar de este mundo en el cual vivió, al que también arrancó algunos de sus secretos. 

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Publicado por leyendas medievales
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