Blog sobre leyendas y mitos,está dedicado a esas leyendas medievales, las cuales a través de su relectura nos permiten entender la mentalidad de esa época; sus alegrías, sus sueños, sus miserias etc. Pretende tratar temas históricos desde una vertiente cercana, y amena. La Edad Media y sus mitos regresan hasta nuestros días.
Después de tantas historias de hadas y bosques encantados, se llega a una conclusión: mientras dominaba el paganismo, los seres más hermosos habitaban la tierra, y cuando el cristianismo influyó poderosamente sobre las conciencias, resultó lo contrario: que los seres más bellos y perfectos desaparecieron. Por eso, el pueblo cristiano, que ya no podía abandonar las creencias y tradiciones paganas de hace miles de años, las transformó, cristianizando los dioses y seres de la antigüedad. Efectivamente, la predicación cristiana havia dejado la gente sencilla en una total desolación: todo aquello en que siempre creian era falso o maligno.
Se les arrebataron las creencias ancestrales, se les dejó sin su mitología, a través de la cual entendían la vida y la muerte, la formación del mundo, la naturaleza y sin los cultos y fiestas con que celebraban los ciclos naturales del paso de las estaciones.
Una forma de cristianizar, fue la de crear una santoral, cristianizando los espíritus y los dioses: Santa Bárbara y San Marcos, protectores contra los truenos, San Antonio de Enero, favorecedor de la fecundidad animal, San Juan Bautista, de las aguas y los ríos; Todos los Santos, para calmar a los difuntos; y muchos más.


Otra tendencia fue la anatema, las antiguas divinidades y los genios de la naturaleza no eran sino demonios y malos espíritus, condenados al infierno eterno. Un velo oscuro se fue extendiendo sobre el universo mítico, sobre la vieja tradición heredada.
Las hadas benefactoras, ya no tomaban la forma de mujeres agraciadas con largas cabelleras rubias, sino de viejas feas, que a menudo se convertían mediante sortilegios en cuervos, murciélagos o gatos negros. De hadas benefactoras, se transformaron en brujas siniestras, y ya no se las atribuía la virtud de hacer nacer, sino la malicia de crear tormentas y de escampar plagas en las recolecciones del campo y de llevar mala suerte a las personas.
La brujería cuajó en la Edad Media resultado de la persecución que la Iglesia desencadenó contra los cultos druídicos de tradición celta, y a la vez de condenar las devociones rurales por los seres que supuestamente habitaban la naturaleza. Lanzadas a las tinieblas y al pecado, el pueblo sencillo comenzó a tenerlas miedo. Era necesario refugiarse de sus conjuros. Clavando una herradura roída en los portales de las casas; poniendo en puertas y ventanas cruces de palma o ramos de laurel. Todo el mundo creía que eran formas eficaces de evitar a las brujas estas y otras prácticas que a partir de entonces se extendieron.
Las hadas condenadas ahora se reunían en noches de luna llena para celebrar sus sabbats, liturgias tildadas de demoníacas, de misas negras y de orgías satánicas. Volvían con añoranza a los tiempos luminosos de sus dólmenes y menhires... Ay, pero aquel del insensato que osase espiarlas, caería sobre él, terribles maleficios. Como es lógico surgieron multitud de historias y leyendas sobre ellas.


Una tarde, cuando empezaba a anochecer, nadie sabe por qué, quizás por error, quizás por un mal reglaje, quizás porque una bruja hizo un mal hechizo, pero lo cierto es que repiqueteó el campanario como si de la media noche sucediese, hecho que originó que las brujas se reunieran en lo alto de las casas. Una joven no daba crédito a sus ojos y paralizada por el miedo veía como iban llegando las brujas al pueblo. Esa parálisis le permitió comprender que las brujas no eran tan malas como parecían, lo que sucedía es que dentro de su naturaleza estaba la de realizar pócimas, brebajes y hechizos, pero que si no se les molestas ellas sólo utilizaban las pócimas para intentar recuperar la juventud que nunca tuvieron, los brebajes para cantar con una fina voz que nadie escuchó, y los hechizos para enamorar y enamorarse de su príncipe azul. Lo que pasaba es que como siempre eran increpadas por su fealdad, su voz tenebrosa y su incapacidad de amar y recibir amor, todos veían en ellas maldad y cuando sólo se ve maldad, sólo se recibe maldad.

Esa misma noche cuando sonó la última campanada de la medianoche aparecieron como era costumbre las brujas. Y sucedió que se encontraron con las ollas sobre las chimeneas y que ya no tenían por qué acceder al interior de las casas, y observando que los lugareños encendían las chimeneas, se pusieron a elaborar sus pócimas con el calor que emanaban, y hechizos con el amor que percibían, y desde entonces se dice que en este lugar las brujas se preocupan de que reine el amor, la paz y la belleza en el interior de quienes allí viven, quienes transmiten estas virtudes a quienes el pueblo visitan, cambiando para siempre su forma de entender la vida.