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10 mayo 2012 4 10 /05 /mayo /2012 16:39

Ligada a la historia del Rey Arturo, está la figura de otro personaje tan enigmático como fascinante, y del cual a  nuestro imaginario colectivo han llegado muchas de sus leyendas. Pero existió en realidad el mago Merlín, o es una leyenda medieval, al igual que sucede con Arturo.Es el brujo por antonomasia y el señor de los acertijos, hasta el punto de que pronunciar su nombre se ha tornado un sinónimo  de misterio, pero también de aventura, propiciado en gran medida por los ciclos artúricos, en los que su figura se torna clave. Durante todo el Medievo, se creyó en la existencia histórica de su figura, apoyandose en los numerosos relatos recojidos por los folcloristas. Hoy en día, en pleno siglo XXI, aún la cuestión no se ha aclarado; si bien los historiadores apuntan a que es un personaje literaro inventado, que quizás se inspirara en uno real, nacido a mediados del siglo V o en el VI de nuestra era. Como vemos, las semejanzas con Arturo son destacables. merlin3[1]

 

El  primer texto en el que se menciona a Merlín es la Historia de los reyes de Britania de Geofrey de Monmouth.

 

Se publicó en 1138 y enseguida se convirtió en una de las obras más influyentes de la Edad Media. Su autor, un clérigo de origen galés, fue nombrado obispo en Londres y destacó como un apasionado defensor de las tradiciones celtas. De hecho, su tierra pasaba por ser el último reducto en toda Inglaterra que mantenía las leyendas y la forma de vida de esa cultura ancestral tras la invasión anglosajona. Su mente albergó la idea de escribir una historia de los reyes celtas más sobresalientes con el fin de evitar que aquella época gloriosa cayera en el olvido.

 

 

De entre ellos destacaba poderosamente la figura de Arturo. Al iniciar su proyecto, Geoffrey de Monmouth descubrió que apenas existían fuentes escritas de las que extraer documentación, por lo que recurrió a su inventiva y creó un relato que se desarrollaba durante varios siglos y en el que se mezclaban episodios y personajes reales con otros claramente ficticios. Uno de los libros que cayó en sus manos fue La profecía de Britania, obra del año 930 en la que se reunían diversos vaticinios que presagiaban la caída de los anglosajones y el resurgimiento de los celtas británicos. Uno de aquellos presagios se atribuía a un tal Myrddin, hombre que había gozado de una gran reputación siglos atrás y que era autor de otras profecías, en su mayor parte oscuras. Cautivado por esta figura, Geoffrey de Monmouth decidió incorporar el personaje de Myrddin a su Historia de los reyes de Britania bajo el nombre de Merlín y lo enlazó con el relato del rey Arturo. Así nació la leyenda, que, como hemos visto, se basa en un personaje real. En la historia de Arturo y sus célebres caballeros, Merlín ocupa una posición primordial: es quien propicia el nacimiento de Arturo ayudando a su padre, Úter Pendragón, a conquistar mediante hechizos a su enamorada, además de quien cuida del joven rey, quien le asesora y quien le ayuda a vencer a sus enemigos.

 

 

 

Tan grande fue el éxito de la obra de Geoffrey de Monmouth que se realizaron cientos de copias manuscritas para distribuirlas por toda Europa. Después, los nombres de Arturo y de Merlín serían recogidos por otros autores aumentando su leyenda. El más importante de aquellos libros posteriores: La muerte de Arturo, escrito en el siglo XV por Sir Thomas Malory. Evidentemente es el primer personaje el que obsesiona a Geoffrey. El primer libro que se conserva del autor es el Prophetiae Merlini, una "recopilación" de profecías de Myrddin Wyllt. Después lo introdujo en la Historia Regum y escribió un tercer libro, Vita Merlini, que era (a ver si alguien lo ha adivinado) una "biografía" del profeta.Merlín era   el hijo de un demonio íncubo y una mujer casta que hereda los poderes de su padre pero que por intervención divina debido a la bondad de su madre salva su alma y consigue el don de la prescencia, que solo Dios puede dar. Sin embargo, en la Historia, una vez que Merlín ha orquestado el nacimiento de Arturo desaparece del texto. Nunca aparece como mentor de Arturo ni como su consejero.

 

 

Se considera a Merlin capaz de hablar con los animales, de cambiar de forma, de hacerse invisible, y también de controlar el clima  y los elementos, aunque estas habilidades las empleaba con sumo cuidado para no enfurecer a la Naturaleza, la diosa más poderosa. En la novela medieval Lanzarote y Ginebra se contaba de él lo siguiente: "Conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación, conocía el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar. Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres, y predecía todas las cosas que sucedían después."

 

 

Acabó sus días en el bosque de Brocelandia( Bretaña), donde fue recluido en un árbol por su compañera Nimue, la Dama del Lago. Markale interpreta el mito de la prisión merlínica en el bosque, como el símbolo de la unión cósmica entre el hombre y la naturaleza. Otras versiones mencionan como la celda en la que fue recluido a una cueva, y otras a una jaula de cristal. Y según se cuenta allí estaría todavía esperando que alguien lo libere.

 

 

 

 

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Durante la Edad Media y algún tiempo después se creyó firmemente que Merlín había sido un personaje real del siglo V, autor de una serie de profecías que circulaban por el continente. Los comentaristas franceses sostenían que estas se habían cumplido con exactitud y los italianos lo elevaron a la altura de profeta bíblico, como Isaías. Hoy no es así, pero la pregunta sigue en pie: ¿quién fue realmente este personaje? La hipótesis más aplaudida sostiene que se trata de un profeta antiquísimo –ya se le menciona como tal en el siglo IX– que actuó bajo un nombre diferente al de Merlín, por supuesto. Para corroborarla basta la existencia real de los vaticinios mencionados. Sus profecías, escritas a finales del siglo V, han sido recopiladas. Ocupan diez páginas escritas en latín y se dividen en dos partes sin transición visible entre ambas. Muchas de ellas describen cómo serán expulsados de la isla los anglosajones, así como la llegada de un libertador,

 

Al margen de las profecías, también se baraja la posibilidad de que Myrddin fuese en realidad un druida, quizá el más famoso en toda la historia de los antiguos celtas. Basta recordar que Geoffrey de Monmouth era descendiente de los celtas británicos y que muy bien podría haber conocido la verdadera historia de Myrddin a través de la tradición oral. En el mundo celta, los druidas eran magos, jueces, médicos, líderes espirituales… Poseían la capacidad de detener o iniciar guerras y dominaban las propiedades de las plantas. Para convertirse en uno de ellos había que pasar años estudiando dentro de cuevas y bosques, que eran considerados santuarios. Druida podría significar “conocedor del roble”, el árbol al que los celtas conferían una importancia especial. De hecho, existe un lugar en el bosque bretón de Broceliande donde se dice que está enterrado el cuerpo de Merlín en medio de un mar de robles. Otros poderes que se les atribuían eran los de cambiar el tiempo, aparecer bajo forma animal, predecir el futuro y volverse invisibles.

 

 

Lo mismo que los ciclos artúricos cuentan que podía hacer Merlín. El final de esta casta sacerdotal llegó con la conquista del mundo celta por las legiones romanas. Escandalizados por la costumbre druídica de sacrificar a seres humanos como ofrenda a sus deidades, los romanos asaltaron en el año 60 la fortaleza de la isla de Mona, mataron a todos los sacerdotes que hallaron y destruyeron sus bosques de roble. Ese fue el inicio de su lenta pero inevitable extinción. Sin embargo, algunos de ellos sobrevivieron y perpetuaron sus creencias, pero ya en la clandestinidad. Y quizá uno de ellos fue Myrddin, que alcanzó una fama inmortal por sus altos conocimientos y por su especial capacidad de liderazgo entre las últimas tribus guerreras celtas.

 

Enlazándola con este trágico final, otra hipótesis identifica a Merlín como un dios celta cuyo nombre fue siendo modificado con el paso del tiempo. Durante la época en la que el cristianismo se fue imponiendo en su territorio los paganos enclavados en Britania e Irlanda no fueron perseguidos de la misma forma que sus equivalentes del continente. Esto propició que los dioses y las diosas de la antigua mitología celta sobrevivieran a través de la poesía y de los relatos populares disfrazados bajo la forma de reyes, santos o encantadores… y también de profetas. ¿Podría ser este el origen de Merlín? Además, se sabe que los celtas británicos tenían un dios primordial, semejante al Apolo griego. Su dominio era la isla entera, aunque estaba especialmente ligado a la ciudad de Moridunum, fundada por los romanos, cuyo nombre pudo dar lugar a Myrddin y, de ahí, a Merlín. También los poderes que se le atribuyen al Merlín literario son los mismos que posee cualquier dios de la antigüedad: transfigurarse en animal, dominar los elementos, vaticinar el futuro… Por si esto fuera poco, el nacimiento de Merlín narrado en la Historia de los reyes de Britania corre parejo al de otros grandes dioses, como el propio Cristo. Su madre es descendiente de un linaje real, no nació como consecuencia una unión sexual humana y desde muy pequeño destacó por su inteligencia y sus sabias respuestas, impropias de alguien de su edad. La única salvedad es que a Merlín se le conocía como… ¡el hijo del Diablo! Pero incluso este hecho puede ser fácilmente interpretado desde la óptica de la religión celta, plagada de dioses sanguinarios que exigían tributos humanos y con días dedicados al encuentro con las almas de los difuntos, como la conocida festividad de Samain, celebrada el 1 de noviembre, que más tarde se convertiría en la popular noche de Halloween o en la fiesta de Todos los Santos para los cristianos. En este sentido, esos mismos cristianos podrían haber visto en los dioses celtas a verdaderos demonios, con lo que la correspondencia Merlín-hijo del Diablo estaría más que justificada.

 

La última hipótesis sobre su verdadero origen lo describe como un bardo, otra figura propia del mundo celta. La tradición popular vuelve a hablar de un tal Myrddin o Lailoken, bardo al que se tenía gran respeto. Aunque no se conserva ningún poema atribuido a él, entre los galeses de la época de Geoffrey de Monmouth circulaban versos que supuestamente había pronunciado esta persona, lamentos nostálgicos de carácter semipolítico que más tarde fueron incluidos en la obra La profecía de Britania, que leyó el propio Monmouth.

 

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La leyenda medieval de Merlin sobre Stonehedge

 

En la llanura de Salisbury se levanta uno de los monumentos megalíticos más importantes del mundo: Stonehenge. Los arqueólogos cifran su construcción entre los años 3500 y 1100 a.C. debido a que el complejo se erigió en tres fases. Sin embargo, una antigua leyenda celta relata cómo fue el mismísimo Merlín quien robó esas piedras a los irlandeses para transportarlas por el aire hasta su emplazamiento actual. Todo porque el mago afirmaba que quien se bañara a los pies de laconstrucción “quedaría sanado de todo mal”. Lo más importante es que los datos históricos confirman que este bardo sirvió como consejero a las órdenes del rey
Gwenddolau hasta su muerte en el 574. Entonces Lailoken se sumergió en la locura y se retiró a los bosques de Celidon, donde se dedicó a hacer profecías. Parece ser que Monmouth recogió este final para atribuírselo a Merlín reinterpretado de forma mucho más poética: muerto Arturo en la batalla de Calman, Merlín se retira al bosque a meditar mientras el rey es enterrado. Allí se enamora de una de las damiselas del lago, Nimue. La mujer no responde a su cortejo, pero acepta seguirle para aprender los secretos de su magia. Finalmente, cansada de su insistencia, Nimue le encierra en una prisión mágica dentro de una cueva a través de uno de los hechizos que el propio mago le ha enseñado.

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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 15:40

 

La  Leyenda arturiana, es el nombre colectivo que reciben una serie de leyendas sobre los Celtas y la historia legendaria de las Islas Británicas, especialmente aquellas centradas en el Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. El poeta francés del siglo XII Jean Bodel creó el nombre según las líneas de su poema épicoChanson de Saisnes:

 

Ne sont que III matières à nul homme atandant,
De France et de Bretaigne, et de Rome la grant.
‘Hay tres ciclos literarios de los que ningún hombre debería carecer:

la materia de Francia, de Bretaña, y de la gran Roma.’
Jean Bodel, Chanson de Saisnes

 

El Ciclo artúrico

El ciclo literal arturiano es la parte mejor conocida de la Materia de Bretaña. Su reconocimiento se debe a que narra dos historias entrelazadas que intrigaron a varios autores posteriores. Una, trata sobre Camelot, usualmente visualizada como una utopía llena de virtud caballeresca, algo que posteriormente sería revertido por los errores de Arturo y Sir Lancelot. La otra historia, habla acerca de las búsquedas del Santo Grial por varios caballeros, algunas que fueron exitosas (como las de Galahad o Percival), mientras que otros fallaron (como Sir Lancelot).

El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda.

Las historias medievales de Arturo y sus Caballeros están llenas de temas Cristianos, los cuales tratan acerca de la destrucción de los virtuosos planes humanos debido a las fallas morales de los personajes, y la búsqueda de una importante reliquia cristiana. Finalmente, las relaciones de amor cortés entre los personajes, como Lancelot y Ginebra, o Tristán e Isolda. En los años recientes, hubo una tendencia de unir las historias del Rey Arturo y sus caballeros con la mitología celta, en versiones reconstruidas a principios del siglo XX, plenamente románticas.

Además, es posible considerar a la literatura artúrica en general, en especial aquellas historias acerca del Grial; como una alegoría del desarrollo humano y el crecimiento espiritual.

 

Sir Tristan

 

Sir Tristán es uno de lo más conocidos caballeros de Arturo. Pero lo cierto es que su fama se debe más a su trágica historia de amor con la bella Isolda que a sus gestas caballerescas. La leyenda nos cuenta que era hijo del rey Melodías, vasallo de Arturo, y de la hermana del rey Mark de Cornualles. Su madre falleció durante el parto y por ese hecho recibió el nombre de “Tristán”, cuyo significado sería “doloroso nacimiento”.

  

Es el prototipo de caballero gentil más preocupado por las artes y las buenas maneras que por los hechos de armas. Imploró el perdón, a los pies de la hoguera, para  su madrastra, después de que ésta intentase envenenarlo hasta en dos ocasiones. Con el fin de completar su formación su padre lo envió a Francia donde se convirtió en un virtuoso del arpa y un maestro de las técnicas de caza. Completada su educación regresó a la corte de su padre.

  

Poco tiempo después se presentó ante su tío el rey Mark de Cornualles para aceptar el desafío que a éste le había hecho Sir Marhaus, emisario del rey de Irlanda. El rey irlandés Angustias pretendía que Cornualles le volviese a pagar un viejo tributo. La cuestión se dirimirá por las armas. Sir Tristán y Sir Marhaus lucharon hasta la extenuación. Al final la victoria cayó del lado de Sir Tristán, pero resultó herido por la punta de la lanza del caballero irlandés que estaba envenenada. Los médicos llegaron a la conclusión de que sólo podría sanar si viajaba al lugar donde el veneno había sido elaborado.

  

Fue así como partió, en una pequeña embarcación, rumbo a Irlanda y como una placida mañana, mientras tocaba el arpa, llegó a la orilla de un río donde se encontraba la familia real irlandesa, que no tardaron en caer cautivados por su hermosa música y el halo de candidez de desprendía tan apuesto joven. Fue llevado a la corte donde se restableció de sus heridas, pero siempre tuvo prudencia en no revelar su procedencia, pues sabía bien donde se hallaba. Con el tiempo surgió el amor entre Sir Tristán y la hija del rey de Irlanda, Isolda. Esto provocó los celos de Sir Palomides, caballero irlandés enamorado en secreto de la princesa, y las suspicacias de la reina. Entre ambos acabaron por descubrir la verdadera identidad de Sir Tristán y el rey Angustias lo expulso de la corte.

 

De regreso a Cornualles se puso al servicio del rey Arturo y no tardo en convertirse en uno de los más notables miembros de la Hermandad de lo Caballeros de la Tabla Redonda, cosa que despertó los celos y la envidia de su tío el rey Mark que juró no descansar hasta terminar con su vida. El viejo y malvado rey ordenó a su sobrino que fuese a Irlanda a la corte del rey Angustias y solicitase la mano de la bella Isolda para convertirla en reina de Cornualles. Con este plan pretendía hacer un doble daño a Sir Tristán por un lado le arrebataría su gran amor y por otro tenía la esperanza de que algún caballero irlandés lo retase para vengar la muerte de Sir Marhaus y acabase con su vida.

 

Pero de camino a Irlanda Sir Tristán se encontró con el rey Angustias que estaba siendo atacado, y pensó que era la ocasión propicia para ganarse su favor, así que le prestó su ayuda y le salvo la vida. El rey agradecido lo escolto hasta su corte. Una vez allí Sir Tristán comunicó su cometido y el rey acepto de buen grado el enlace, ordenando los preparativos del viaje de su hija a Cornualles. La noche antes de llegar a su destino, los amantes abatidos y resignados a su cruel suerte decidieron beber una copa de vino para brindar por su mala fortuna, pero resultó que el brebaje no era vino si no un poderoso filtro amoroso, que no hizo si no aumentar el deseo de ambos, que acabaron yaciendo juntos y consumando su febril amor.

 

A la mañana siguiente llegaron a Cornualles y el rey sin dilación llevo a Isolda al altar y la convirtió en su esposa. La existencia dejo de tener sentido para Sir Tristán, su corazón se rasgaba cada vez que veía a su amada en manos de su tío, y al final solicitó permiso para ausentarse de la corte. Estuvo prestando sus servicios en Francia, pero sin poder apartar ni un solo instante de su mente la imagen de la más dulce y hermosa mujer que jamás sus ojos vieron. Pasó varios años errando por tierras francesas hasta que sus servicios fueron reclamados por el rey Arturo, ya que lo tenía en gran estima y estaba considerado el mejor caballero después de Sir Lancelot.

 
           Después de esto poco se sabe de la vida de caballero tan grande. Participó en la búsqueda del Santo Grial, pero sin fortuna, ya que esa empresa estaba destinada al caballero más puro de la cristiandad Sir Galahad, con la ayuda de sus fieles compañeros de aventuras Sir Perceval y Sir Bors. Su muerte resulta también un enigma que se pierde en la enmarañada leyenda artúrica. Aunque hay historias que hablan de cómo, una soleada tarde mientras que Sir Tristán tocaba el arpa para Isolda, fue asesinado por orden de su tío. Pero, como la gran mayoría de los sucesos que componen este mágico universo, es sólo un rumor que se va alejando como un susurro, como un murmullo cada vez más débil y agónico.

 



 

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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 14:39


El ciclo artúrico se expandió por Europa gracias a Chrètien de Troyes y al amor cortés

        Entramos a analizar, las muchas leyendas relacionadas con el mundo artúrico. De hecho, como toda historia de origen épico, la del rey Arturo se basa por supuesto en las tradiciones galesas y britonas de la alta edad media, y en los hechos históricos acaecidos entre los siglos V-VI d.C. Dos obras fundamentales, ambas datadas entre los siglos IX y X d.C. y por tanto no contemporáneas, son los Annales Cambriae(los Anales de Gales) de Gildas y la Historia Britonum de Nennius, que constituyen los fundamentos de lo que se conoce como la Materia de Bretaña, conjunto de escritos que narran el ciclo artúrico. Sin embargo, la base de esta Materia de Bretaña es el libro de la Historia Regum Britanniae de Geoffrey de Montmouth, que es quién recoge la historía mítica tal como la conocemos hoy día. El otro gran autor que amplia aún más el ciclo artúrico con el desarrollo del tema del Santo Grial es Chrétien de Troyes, con la leyenda de Percibal (o Parsifal), Tristán e Isolda, y la historia del reino de Cornualles (o Cornway/Kernwal). 

 

La leyenda artúrica

 

Según la leyenda, Uther Pendragon, que estaba destinado a ser el rey de los bretones, se enamoró profundamente de Igraine, la esposa de Gorlois, duque de Cornualles. Para poder realizar su deseo, le pidió un favor a Merlin para que, por una noche, pudiera tener relaciones con Igraine sin que nadie se enterase. Merlin acepta con la condición de que el hijo nacido de esa relación debe dárselo a él para criarlo, y Uther acepta sólo pensando en conseguir su propósito. Con un hechizo que le hace tomar la forma de Golois, Uther toma a Igraine, pensando ésta que lo está haciendo con su marido, ante la mirada atónita de Morgana, la hija de Igraine y Golois, que sí ve a Uther con su auténtica forma. Pasada la noche, y antes de que el hechizo desaparezca, Uther se marcha del castillo, pero a las pocas horas se descubre que Golois ha muerto en batalla y que por tanto no pudo pasar esa noche en el castillo. Al poco tiempo, Uther desposa a la viuda, que efectivamente se ha quedado embarazada, y cuando nace el niño, Merlin reclama su parte del trato, y al rey no le queda más remedio que entregárselo. Según la leyenda, Merlin le entrega a Arturo, ese niño nacido de una relación adúltera, a sir Kevin, para que lo críe como a un hijo suyo.

 

Después de esto, Uther se convierte en un rey despótico, con muchos enemigos, que se acaban rebelando contra él, y en una batalla, malherido, y para evitar que su espada Excalibur (también conocida como Caladbolg), símbolo del poder real, caiga en malas manos, clava la espada en la piedra para que sólo sus descendientes legítimos puedan arrancarla. Al morir Pendragon sin hijos reconocidos, y siendo Excalibur simbolo de la realeza, todos los caballeros de Bretaña intentarán arrancarla, pero será el propio Arturo quién, por error, acabará sacándola, y siendo reconocido como heredero legítimo, con la mediación de Merlin.


Excalibur, de John Boorman, es la mejor adaptación del ciclo artúrico hecha hasta la fecha y referente obligado de cualquier cinéfilo que se precie.

Siendo proclamado rey, construirá Camelot como capital de su reino y allí alojará una sala con la famosa Mesa Redonda, un lugar de reunión donde todos los hombres serán iguales, acompañado de sus fieles caballeros, entre los que se contaban Lancelot (o Lanzarote), Gawain, Galahad, Percibal,... También desposará a Ginebra, pero ésta sucumbirá ante los encantos de Lancelot, y serán descubiertos por Arturo, por lo que por vergüenza, ella abandonará la corte ingresando en un monasterio. Por las malas artes de Morgana, la hermana de Arturo por parte de madre, el reino caerá en la desolación y en la sublevación de Mordred (según algunas fuentes, hijo de Morgana y Arturo, fruto de una noche de hechizo como lo fué la concepción del propio Arturo), en parte por la enfermedad del rey, que hará que los caballeros emprendan la búsqueda del Santo Grial, el cáliz de la última cena con poderes curativos. Finalmente, Arturo y Mordred se enfrentaran a muerte, y Arturo morirá y será enviado con la ayuda de la Dama del Lago a Avalon, la isla de los inmortales.

Esa es, brevemente, la base de la leyenda artúrica.

El personaje histórico de Arturo

Poco se sabe de él, excepto que las crónicas lo llaman dux, no rey, título que se solía aplicar a los jefes militares, de forma similar alimperator romano. Según éstas, Arturo comandó el ejercito que se enfrentó a los sajones en la batalla del Monte Badon, entre los años 516 y 518 d.C., saliendo victorioso. El resto de datos de la leyenda pertenecen de una manera u otra al folklore popular galaico-britano, como por ejemplo la asimilación de la antigua diosa irlandesa Mórrígan con Morgana, entre otros.

Candidatos

Existen una seríe de personajes reales, documentados historicamente, que encajarían dentro de ese perfil del personaje legendario y a continuación pasaré a exponerlos:

Lucio Artorio Casto

El parecido del nombre es obvio, y mucho autores coinciden en que el nombre de Arturo podría proceder de una derivación autóctona del nombre latino de Artorius. Lo cierto es que este personaje, nacido en la Campania romana (actual zona de Nápoles), vivió a mediados del siglo II d.C., y junto a su unidad de caballeros sármatas, se hizo cargo de la Legio VI Victrix destinada en Britania, y que se encargaba de proteger el Muro de Adriano. Acabado su servicio, se acabó instalando en Dalmacia, donde murió y donde se ha hallado un sarcofago con su nombre.


Un acercamiento diferente al mito artúrico: Clive Owen es el general Artorio Casto y Keira Knightley, Ginebra, una princesa de los pictos.

En 2004, Jerry Bruckheimer produjo Arturo, una película que asociaba a Artorio Casto (Clive Owen) con el personaje legendario, y a su famosa cohorte de caballeros sármatas con los caballeros de la Mesa Redonda. También aparecía el personaje de Ginebra (Keira Knightley), esta vez como princesa picta que obliga a tomar partido a Artorius contra los sajones en la Batalla del Monte Badon.

Por desgracia, es una recreación bonita pero sin fundamentos ya que Artorio Casto no es coetáneo de los hechos que se narran puesto que la batalla ocurrió tres siglos más tarde.

Riotamus

Tal vez éste sea el candidato histórico más cercano al mito de Arturo. Riotomus fué un caudillo britano que ante la llamada del emperador Antemio, acudió con una hueste de 2000 hombres en su ayuda, atravesando en canal de la Mancha y alojándose en la ciudad de Aballon (¿Avalon?), en la actual Francia. Por desgracia, llegó tarde y no pudo hacer nada por salvar al emperador, pero su presencia queda reflejada en las fuentes de la época, y coincidiría en la época en que se situa a Arturo (s.VI), además del hecho de que una de las proezas de Arturo fué cruzar el canal de la Mancha.

Ambrosio Aureliano

El tercer candidato al puesto para ser rey Arturo es este militar tardorromano, que según la Historia Regum Britanniae, luchó durante el reinado de los últimos emperadores romanos de Occidente contra el caudillo britano Vortígeno, en la batalla de Guoloph en el 437 d.C.


Sí la película sobre Artorio Casto era poco sería historicamente hablando, ésta es un auténtico descojone de incongruencias históricas, sólo hay que ver al elenco protagonista.

Como en el caso de Artorio Casto, el personaje también ha sido protagonista de una reciente película, basada en el libro de Valerio Massimo Manfredi, La última Legión. En ella se narra cómo el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augustulo, se ve obligado a huir de Roma con la ayuda de Ambrosio y de un britano llamado casualmente Merlin. En Britania, se hará llamar Pendragón y acabará casándose con Igraine, de quien se supone nacerá el futuro Arturo. En este caso, Ambrosio no sería directamente Arturo pero sí el responsable de la leyenda. La espada Excalibur en realidad sería la espada del mismo Cesar, que sólo sus descendientes, o sea Rómulo, podrían empuñar.

Owain Ddantgwyn

Owain fué un antiguo rey galés de finales del s.V d.C. que encajaría en el perfil del rey Arturo. Aunque a primera vista su nombre no coincida, era apodado el Oso (Arth en gaelico antiguo, de ahí la derivación latina Arth(os) uir o Hombre-Oso), y vivió en Camlan (¿Camelot?). Para más inri, el nombre de su padre era Yrth, que podría derivarse Uther.

Athrwys ap Mewig

El último de los candidatos. Poco se sabe de él excepto que fue un caudillo britano que vivió por los lugares que cita la leyenda y que coincidiría con la época en que se situa la batalla del Monte Badon.

Conclusión

Hoy en día seguimos sin conocer el orígen exacto del mito del rey Arturo y su figura, si es que realmente existió. De hecho, lo más probable es que, como muchos personajes legendarios, fueran la unión de las vidas de muchos personajes históricos que la imaginación humana y la novela caballeresca desarrollaron de forma extrema, pero que, a día de hoy, sigue captando nuestra imaginación. La novela fantástica tal como la conocemos hoy no existiría si no fuese por el ciclo artúrico, ni tampoco las grandes novelas caballerescas ni las operas wagnerianas basadas en el mito del Santo Grial. Por eso es y siempre será un tema universal.

Existen historiadores que le han visto motivos políticos detras de la figura de Arturo. Según estas corrientes, La Historia tenía dos objetivos claros: El primero, "profundizar" en la historia de las Islas Británicas, que por aquel entonces era prácticamente desconocida. Y el segundo, legitimar la monarquía normanda en Inglaterra.Cuando los normandos llegan a Inglaterra y vencen a los sajones en el S XI, Guillermo el Conquistador se convierte en el primer rey normando de Inglaterra. Sin embargo, durante los primeros años de su reinado sufre constantes rebeliones.

 

Cuando consigue afianzarse en el trono, comienza una maniobra de conquista más completa, basada en quitar tierras a nobles descontentos y dárselas a sus favoritos, con lo que consigue afianzar también a su casa como casa real. Pero existe otra conquista más sutil de los normandos: La de la propaganda.

Los normandos son los que vuelven a traer a la memoria colectiva los mitos de Arturo, convirtiéndolo en un rey que defendió a Inglaterra de los sajones. Cuando los sajones vencen a los bretones, estos emigran al norte de Francia. Así, los normandos no son usurpadores del trono, sino los héroes que expulsan a los verdaderos usurpadores, los sajones. Y son, además, los descendientes del Rey Arturo.El tercer rey normando de Inglaterra, Enrique I, es el que encarga a Monmouth la redacción de la Historia Regum Britanniae, incluyendo por supuesto la historia del Rey Arturo. Robert de Wace, protegido de Enrique II, "romancea" la Historia especificando más la descendencia de los Plantagenet y "Enriquizando" la figura de Arturo y de su corte. Enrique II y sobre todo su mujer, Leonor de Aquitania, son un motivo fundamental de la proliferación de textos artúricos en el S XII en Inglaterra y Francia, mediante el mecenazgo a poetas y escritores como el propio Chrétien de Troyes, que según algunos estudiosos se basó en ella para el personaje de la Reina Ginebra de sus novelas.  

 para saber más:

EL REY ARTURO (BREVE HISTORIA DE...) 

CHRISTOPHER HIBBERT , NOWTILUS, 2009

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17 enero 2012 2 17 /01 /enero /2012 01:36

 

El otro personaje femenino mágico del mundo arturiano es de La Dama del Lago o Viviane (Viviana). Su aparición y concretización es relativamente tardía dentro de la literatura artúrica; en el ciclo de laVulgata Lancelot-Grial, la joven llamada Niviane aprendió la magia de Merlín de manea casi coactiva ya que los primeros poderes que usó fueron para retenerle en una cueva (en otros lugares en otras versiones) para después confinarle allí eternamente, como ya hemos indicado antes al hablar de Merlín. El episodio se repite en versiones posteriores y es el central en la historia del personaje que se conocerá por varios nombres: Nmue, Nimue, Niniane, Nyneue,y Niviane. En la Suite Du Merlin(siglo XIII), obra posterior a la Vulgata se recoge la historia de Nivaine, la maga de la que Merlín se había enamorado. El personaje era una muchacha mortal a la que el mago le enseñó las artes mágicas las cuales utilizó para evitar que el hechicero siguiese pretendiéndola, encerrándole de por vida en un cautiverio mágico (un refugio invisible).

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La relación que este personaje guarda con un lago es muy vaga, solo referida en esta última fuente a una leyenda sobre la diosa Diana que Merlín le relata a su amada y sobre cual al joven basará su ira contra Merlín. Los relatos posteriores que hacen referencia a la Dama del Lago se basarán en el personaje de Nivaine y en romances arturianos franceses de los siglos XI-XII en donde aparecen ninfas acuáticas que mantienen encuentros con caballeros de Arturo; de hecho Chrétien de Troyes señalaba que Lancelot había sido criado con una ninfa acuática, identificada como la Dama del Lago. Las doncellas acuáticas (ondinas) estaban tomadas de la mitología grecolatina clásica y no eran extrañas en la mitología céltica. Tmbién es posible que este personaje tenga su origen en Tetis, la madre de Aquiles en la Iliada por su rol protector y otorgador de invulnerabilidad hacia su hijastro Lancelot.

Es un debate encendido si Viviane o Niniane es una heroína o una villana, ya que la leyenda la muestra como un ser egoísta que solo busca su propio provecho y como una especia de femme fatale que engatusa a Merlín, aunque, por otra parte, al igual que Morgana, su mágica condición esta vinculada en versiones posteriores con el triunfo de Arturo y la creación de Excalibur. Y en todo caso, siempre vinculada a Avalon, donde según muchas versiones se forjo la mítica espada de Arturo. Viviane se convierte en la Dama del Lago en relatos del ciclo post-Vulgata, en donde el personaje entrega desde las aguas del lago la espada Excalibur a Arturo. No tiene allí nombre propio, pero el personaje se divide en dos al aparecer una mujer llamada Ninianne cuya historia es la misma que la que cuenta el Lancelot-Grial. El La muerte de Arturo, de Mallory, el personaje, con la misma división que en la versión antes mencionada, cobra en ambas partes gran importancia, en donde la anónima Dama del Lago ayudará con sus artes mágicas en las aventuras de varios de los caballeros de Arturo. Personaje etéreo, prerrafaelita y con gran carga romántica, la dama del lago ha sido fuente de inspiración en siglos posteriores para escritores y artistas y es uno de los mitos mas bellos de la saga arturiana.

La magia en los mitos del Rey Arturo: algo que llegó desde el mundo de los druidas celtas y creó gran parte de la concepción clásica europea de la magia y la hechicería, blanca o negra. Merlín, el más grande mago y sabio y las hechiceras, las mujeres más poderosas de los mitos y leyendas de Arturo. Un mundo fantástico nació y traspasó la esencia misma de la leyenda del Rey Arturo. Por arte de magia.

 

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7 diciembre 2011 3 07 /12 /diciembre /2011 01:11

 

Esta leyenda medieval  nos ha llegado hasta nuestros días. A principios del siglo XIV, por las profundidades del bosque de Sherwood vagaba un proscrito cuyas hazañas con su espada, lo convirtieron en el principal héroe popular de su época

Su nombre es hoy conocido en todo el mundo; se llamaba Robín Hood. Algunos historiadores creen que los relatos del héroe-duende están vinculados con el espíritu de los bosques, otros creen que Robín Hood era sencillamente uno de los personajes de las antiguas ceremonias del primer día de mayo, que a través de los años pasó a ser primero una leyenda y luego un presunto personaje histórico. Robín era un nombre que los paganos daban generalmente a los seres sobrenaturales, y el color verde, que era el que distinguía la vestimenta del héroe, es el color tradicional atribuido al espíritu del bosque. La doncella Mariann, que comparte las aventuras del héroe, podría derivarse de la reina de mayo de estas las mismas celebraciones paganas.

 

 

El personaje histórico detrás de la leyenda medieval:

Sin embargo, las pruebas documentales indican que entre los siglos XIII y XIV un hombre llamado Robin Hood vivió en Wakefield, en el condado de York, que podría ser el proscrito de la romántica leyenda; Robín Hood (cuyo nombre de bautismo era Roberto),nació alrededor de 1290; su padre Adam Hood era guardabosque al servicio de John, conde de Warenne y lord del señorío de Wakefield. El apellido del guardabosque y de su hijo figura en los antiguos documentos de juzgado con distintas grafías: a veces aparece como Hod, otras como Hode o Hood.


En 1322, el amo de Robin era Thomas, conde de Lancaster, que convocó a sus súbditos para revelarse contra el rey Eduardo II, y los súbditos no tuvieron otra opción que la de obedecer incondicionalmente; la revuelta fue aplastada y Lancaster fue capturado. Robín se ocultó en el bosque de Bamsdale, que se unía al bosque de Sherwood, en el condado de Nottingham. Los bosques estaban atravesados por la Gran Ruta del Norte, construida por los romanos, esta ruta proporcionaba ganancias a los ladrones de caminos y es en esta región donde nace la leyenda de Robín Hood.

En una de las supuestas aventuras de Robín Hood, el arrogante obispo de Nereford, que viajaba hacia York, vio a Robín y a algunos de sus hombres en trance de asar un venado para la cena. Tomándolos por campesinos y enfurecido por su flagrante violación de las leyes del bosque, el obispo los increpó. El obispo de Nereford ordenó a los guardias de su escolta que apresaran a Robín Hood y los suyos. Estos rogaron clemencia para Robín, que hizo sonar su cuerno, y alzando la famosa espada Robín Hood, y el desdichado obispo se vio rodeado por arqueros en un abrir y cerrar de ojos. Estos tomaron prisionero al dignatario y a sus guardias y pidieron por ellos un rescate.

 

 


 

 


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La leyenda medieval aparece en A Lytell Geste of Robinn Hood, un libro publicado en 1459. Puede que todo esto sea una leyenda, pero el rey Eduardo II realmente estuvo en Nottingham en noviembre de 1323 y el relato de su encuentro con Robin es coherente con lo que se sabe de su personalidad. Además el nombre de Robin Hood aparece meses después, en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí figuran constancias de salarios que se pagaron a Robin hasta noviembre de ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robin desaparece de los documentos oficiales para sumergirse en el folklore. Es posible que, después de disfrutar durante tanto tiempo de la libertad en el bosque, Robín fuera incapaz de ponerse al servicio de nadie, ni siquiera de su rey.

Las aventuras de Robin Hood en los bosques continuaron hasta cerca de 1346; se dice que murió en ese año en el monasterio de Kirklees. 

La historia termina cuando Robín Hood, con su espada en mano, consigue hacer sonar por última vez su cuerno de caza antes de morir disparando una flecha desde la ventana de su habitación en dirección al bosque y pidiendo que lo sepultaran en el lugar donde la flecha hubiese caído. Aún hoy es posible ver el sitio que Robin eligió como tumba.

La de Robín Hood es una historia romántica que se ha mantenido viva y ha sido narrada y vuelta a narrar durante 600 años, dando lugar a una serie de creaciones, entre las que podemos destacar la reconstrucción de la mítica espada de Robín Hood.

 


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20 noviembre 2011 7 20 /11 /noviembre /2011 02:09

Hoy haremos un pequeño paréntesis y dejaremos de banda las leyendas, para hacer un breve inciso en un tema tan interesante y que da tanto de sí como es la historia de los heterodoxos, en concreto, de las brujas. Mucho se ha escrito sobre el tema, tanto en España (sobretodo, Julio Caro Baroja) como fuera de nuestras fronteras. A continuación daremos algunas luces sobre la Brujería.

 

En primer lugar, hemos de distinguir entre dos tipos de brujería, la brujería blanca, ( hechicera) que consiste en el uso de hierbas para solucionar problemas amorosos, de salud, de dinero, etc y la Brujería  negra que consiste en un pacto con el Diablo. Un pacto que  implica su adoración, en el ritual conocido como Sabbath, y un poder maléfico que perjudica a la comunidad.

La hechicera normalmente es una mujer. Si es un hombre, éste no se vincula con la magia negra, sino con la blanca ( Alquimia, por ejemplo).

 

El mundo de las brujas durante mucho tiempo fue apartado de los estudios historiográficos, posiblemente por prejuicios sobre él, aún así en los últimos tiempos esta carencia se ha visto reducida considerablemente y hoy disponemos de estudios sobre las brujas como fenómeno social, si bien las interpretaciones sobre las mismas, son diversas. El antropólogo Ronald Frazer, comenzará las primeras interpretaciones sobre ellas, Julio Caro Baroja ( Las Brujas y su mundolas estudiaría con detalle.

 

La gran pregunta sobre la historia de las brujas, es si existió una secta organizada de brujas y brujos durante la Edad Moderna. Según A. Hurray, si existió una secta organizada, a pesar de que esta visión es hoy dia reusada por la mayoría de historiadores. Otras interpretaciones sobre ellas ven en la brujería una función social. Sería el recurso donde acudir delante de un mundo incontrolable. También seria, la bruja el chivo expiatorio que paga todas las tensiones sociales. También tenemos interpretaciones culturalistas ( Maria Taussiet) que ponen el énfasis en los cambios socio-culturales: fractura mundo católico y protestante, del cual habría salido la brujería, y esta seria una creación de las élites.

 

El pacto con el diablo es una creación de las élites. Otros culturalistas ven una guerra de sexos  en el enfrentamiento entre hombres médicos y brujas mujeres. También tenemos a culturalistas como Elizalde o C. Ginzburg, que afirman que existen unas creencias populares basadas en el paganismo que se han ido elaborando por toda  Europa, aisladamente, sin una conexión entre sí, no existe una secta organizada, lo que sucede es que desde las elites se crea un discurso homogenio sobre ellas.

 

En el mundo romano y griego, existían las lamies y stringles, que serian las antecesoras de las brujas ( stregoneria es brujería en italiano).

 

Durante la Edad Moderna se extendió la idea de que las brujas conspiraban para extender el poder del Diablo. La caracterización negativa de las brujas comparte algunas características con el antisemitismo , y tiene un fuerte carácter misógino. Aunque no todos los sospechosos de brujería eran mujeres (hubo un significativo porcentaje de hombres procesados y ejecutados por delitos de brujería), se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más proclive a convertirse en bruja.

La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo  XV hasta avanzado el  siglo XVII. Tanto el Malleus Malleficarum como otros muchos libros que se publicaron en la época constituyeron el fundamento de la caza de brujas que se dio en toda Europa durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, y que causó la muerte, según los cálculos más fidedignos, de unas 60.000 personas.

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                                                                   El aquelarre de Francisco de Goya

Pacto con el Diablo

 

 

Se atribuía a los acusados de brujería un pacto con el Diablo. Se creía que al concluir el pacto, el Diablo marcaba el cuerpo de la bruja, y que una inspección detenida del mismo podía permitir su identificación como hechicera. Mediante el pacto, la bruja se comprometía a rendir culto al Diablo a cambio de la adquisición de algunos poderes sobrenaturales, entre los que estaba la capacidad de causar maleficios de diferentes tipos, que podían afectar tanto a las personas como a elementos de la naturaleza; en numerosas ocasiones, junto a estos supuestos poderes se consideraba también a las brujas capaces de volar (en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos), e incluso el de transformarse en animales (preferentemente lobos).

 

Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre. La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita , cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos a las brujas y los que según la acusación popular  cometían los judíos. La palabra aquelarre, en cambio, procede del  euskera  aker (macho cabrío) y larre (campo), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del Diablo, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc). El ritual que simbolizaba esta adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame). En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus hechizos.

 

 La Brujería como actividad denostada fue perseguida por la sociedad de la  época. Estaba  sometida a diversas jurisdicciones, los poderes civiles y los eclesiásticos ordinarios. A pesar de lo que se piense, los mayores perseguidores de brujas, fueron los los poderes civiles, en primer lugar, a continuación los órganos eclesiásticos y por ultimo La Inquisición. No sabemos mucho de los procesos a las brujas hechos por tribunales civiles, ya que los procesos  se quemaban. Se calcula que unas cien mil personas fueron juzgadas  por toda Europa, sobretodo en el Sacro imperio  Romano Germánico y en Polonia, Suiza, Francia, Bohemia y Hungria. Más de la mitad de estas cien mil personas fueron ajusticiadas. Por contra el tribunal de la Inquisición entre 1550 y 1700, procesó a 3500 personas, de las cuales solo un 0'25% murieron en la hoguera.

 

El motivo es que la Inquisición mantendrá una postura de escepticismo respecto a la realidad o no de la brujería. En España, se realizó una comision en Logroño, encargada de estudiar el tema, y dicha comisión dictaminó que no existía, pero que si había mucha imaginación sobre el tema, que había de ser castigada. Se dictaminó que los clérigos había de predicar en lengua vulgar y ayudar a los miembros más necesitados. Es decir, los brotes de brujería eran vistos como  falta de predicación y de la pobreza.En los territorios de religión ortodoxa, en cambio, las cazas fueron de intensidad mucho menor.

 

 Durante estos procesos, se aplicó con frecuencia la  tortura  para obtener confesiones, por lo cual los investigadores actuales suelen manifestar cierto escepticismo acerca de lo manifestado en los juicios por brujería.

 

 

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13 noviembre 2011 7 13 /11 /noviembre /2011 14:09

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Rescatamos esta interesantísima entrevista realizada por el diario la Nación, a uno de los más grandes historiadores de la Edad Media, Jacques le Goff.

Discípulos y colegas llaman al francés Jacques Le Goff “el ogro historiador”. Es una referencia al desaparecido Marc Bloch, cofundador de l’Ecole des Annales, quien afirmaba que un buen historiador “se parece al ogro de la leyenda: allí donde huele carne humana, sabe que está su presa”.

De un ogro, Jacques Le Goff tiene la estatura y el apetito. También tiene una insaciable curiosidad que lo llevó a transformarse en una referencia mundial sobre la historia de la Edad Media, período al cual el hombre contemporáneo le debe muchas de sus conquistas, dice.

A los 82 años, Jacques Le Goff sigue trabajando, a pesar de la profunda tristeza que le provocó la reciente muerte de su esposa –después de casi 60 años de vida en común– y de una caída que desde 2003 lo mantiene recluido en su departamento de París.

Con cualquiera de sus libros –tantos que podrían formar una biblioteca– todo lector se siente inteligente y erudito.

Aún más que sus condiscípulos George Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y François Furet, Le Goff recurrió a todas las disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: antropología, etnología, arqueología, psicología? Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas. Con ellas es posible introducirse en un medioevo fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicenas, las ciudades comenzaban a forjarse una idea de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudi y Niemeyer. En esa Edad Media masculina, la mujer era respetada, las prostitutas, bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas aprendieran a leer y a escribir.

-Los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre la cronología de la Edad Media. ¿Cuál es la correcta, a su juicio?

-Es verdad que no todos los historiadores coinciden en esa cronología. Para mí, la primera de sus etapas comienza en el siglo IV y termina en el VIII. Es el período de las invasiones, de la instalación de los bárbaros en el antiguo imperio romano occidental y de la expansión del cristianismo. Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los profesores de la época.

-Usted, gran anticlerical, jamás deja de destacar el papel de la Iglesia en los mayores logros de la Edad Media.

-¡Pero no es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia! También soy un convencido partidario del laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Pero, volviendo a la cronología, la segunda etapa está delimitada por el período carolingio, del siglo VIII al X.

-¿El imperio de Carlomagno fue, para muchos, el primer intento verdadero de construcción europea?

-Falso. En realidad se trató del primer intento abortado de construcción europea. Un intento pervertido por la visión "nacionalista" de Carlomagno y su patriotismo franco. En vez de mirar al futuro, Carlomagno miraba hacia atrás, hacia el imperio romano. La Europa de Carlos V, de Napoleón y de Hitler fueron también proyectos antieuropeos. Ninguno de ellos buscaba la unidad continental en la diversidad. Todos perseguían un sueño imperial.

-Usted escribió que a partir del año 1000 apareció una Europa soñada y potencial, en la cual el mundo monástico tendría un papel social y cultural fundamental.

-Así es. Una nueva Europa llena de promesas, con la entrada del mundo eslavo en la cristiandad y la recuperación de la península hispánica, que estaba en manos de los musulmanes. Al desarrollo económico, factor de progreso, se asoció una intensa energía colectiva, religiosa y psicológica, así como un importante movimiento de paz promovido por la Iglesia. El mundo feudal occidental se puso en marcha entre los siglos XI y XII. Esa fue la Europa de la tierra, de la agricultura y de los campesinos. La vida se organizaba entre la señoría, el pueblo y la parroquia. Pero también entraron en escena las órdenes religiosas militares, debido a las Cruzadas y a las peregrinaciones que transformarían la imagen de la cristiandad. Entre los siglos XIII y XV, fue el turno de una Europa suntuosa de las universidades y las catedrales góticas.

-En todo caso, para usted, la Edad Media fue todo lo contrario del oscurantismo.

-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.

-Pero la Revolución Francesa fue en 1789. ¿No se considera que la Edad Media terminó con la llegada del Renacimiento, en el siglo XV?

-Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia. Lo importante son los procesos subyacentes. Para mí, el humanismo no esperó la llegada del Renacimiento: ya existía en la Edad Media. Como existían también los principios que generaron la Revolución Francesa. Y hasta la Revolución Industrial. La verdad es que nuestras sociedades hiperdesarrolladas siguen estando profundamente influidas por estructuras nacidas en el medioevo.

-¿POR EJEMPLO?

-Tomemos el ejemplo de la conciencia. En 1215, el IV Concilio de Latran tomó decisiones que marcaron para siempre la evolución de nuestras sociedades. Entre ellas, instituyó la confesión obligatoria. Lo que después se llamó "examen de conciencia" contribuyó a liberar la palabra, pero también la ficción. Hasta ese momento, los parroquianos se reunían y confesaban públicamente que habían robado, matado o engañado a su mujer. Ahora se trataba de contar su vida espiritual, en secreto, a un sacerdote. Tanto para mí como para el filósofo Michel Foucault, ese momento fue esencial para el desarrollo de la introspección, que es una característica de la sociedad occidental. No hace falta que le haga notar que bastaría con hacer girar un confesionario para que se transformara en el diván de un psicoanalista.

-Usted habla de emancipación de la mujer en la Edad Media. ¿Pero aquella no fue una época de profunda misoginia?

-Eso dicen y, naturalmente, hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó, entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.

-La invención del purgatorio, a mediados del siglo XII, parece haber sido también uno de los momentos clave para el desarrollo de nuestras sociedades actuales.

-Así es. Curiosamente, lo que comenzó como un intento suplementario de control por parte de la Iglesia, concluyó permitiendo el desarrollo de la economía occidental tal como la practicamos en nuestros días.

-¿CÓMO ES ESO?

-La invención del purgatorio se produjo en el momento de transición entre una Edad Media relativamente libre y un medioevo extremadamente rígido. En el siglo XII comenzó a instalarse la noción de cristiandad, que permitiría avanzar, pero también excluir y perseguir: a los herejes, los judíos, los homosexuales, los leprosos, los locos... Pero, como siempre sucedió en la Edad Media, cada vez que se hacían sentir las rigideces de la época los hombres conseguían inventar la forma de atenuarlas. Así, la invención de un espacio intermedio entre el cielo y el infierno, entre la condena eterna y la salvación, permitió a Occidente salir del maniqueísmo del bien y del mal absolutos. Podríamos decir también que, inventando el purgatorio, los hombres medievales se apoderaron del más allá, que hasta entonces estaba exclusivamente en manos de Dios. Ahora era la Iglesia la que decía qué categorías de pecadores podrían pagar sus culpas en ese espacio intermedio y lograr la salvación. Una toma de poder que, por ejemplo, permitiría a los usureros escapar al infierno y hacer avanzar la economía. También serían salvados de este modo los fornicadores.

-Pero hasta la aparición del sistema bancario reglamentado, en el siglo XVIII, tanto la Iglesia como las monarquías sobrevivieron gracias a los usureros. ¿Por qué condenarlos al infierno?

-Porque así lo establecían las escrituras, como en la mayoría de las religiones. En el universo cristiano medieval, la usura era un doble robo: contra el prójimo, a quien el usurero despojaba de parte de su bien, pero, sobre todo, contra Dios, porque el interés de un préstamo sólo es posible a través del tiempo. Y como el tiempo en el medioevo sólo pertenecía a Dios, comprar tiempo era robarle a Dios. Sin embargo, el usurero fue indispensable a partir del siglo XI, con el renacimiento de la economía monetaria. La sed de dinero era tan grande que hubo que recurrir a los prestamistas. Entonces la escolástica logró hallarles justificaciones. Surgió así el concepto de mecenas. También se aceptó que prestar dinero era un riesgo y que era normal que engendrara un beneficio. En todo caso, y sólo para los prestamistas considerados "de buena fe", el purgatorio resultó un buen negocio.

-La Edad Media también inventó el concepto de guerra justa, vigente hasta nuestros días, como lo demostraron los debates en la ONU sobre la guerra en Irak. Curioso, ya que el cristianismo es portador de un ideal de paz. Hasta se podría decir que es antimilitarista.

-Es verdad. Ordenándole a Pedro que enfundara su espada, Cristo dijo: "Quien a hierro mate, a hierro morirá". Los primeros grandes teóricos cristianos latinos eran pacifistas. Pero todo cambió a partir del siglo IV, cuando el cristianismo se transformó en religión de Estado.

-En otras palabras, los cristianos se vieron obligados a cristianizar la guerra.

-En esa tarea tendrá un papel fundamental San Agustín, el gran pedagogo cristiano. Para él, la guerra es una consecuencia del pecado original. Como éste existirá hasta el fin de los tiempos, la guerra también existirá por siempre. San Agustín propuso, entonces, imponer límites a esa guerra. En vez de erradicarla, decidió confinarla, someterla a reglas. La primera de esas reglas es que sólo es legítima la guerra declarada por una persona autorizada por Dios. En la Edad Media, era el príncipe. Hoy es el Estado, el poder público. La segunda regla es que una guerra es justa sólo cuando no persigue la conquista. En otras palabras: las armas sólo se toman en defensa propia o para reparar una injusticia. Esas reglas siguen perfectamente vigentes en nuestros días.

-¿Se podría decir que el hombre medieval trataba de preservar la cristiandad de todo aquello que amenazaba su equilibrio?

-Constantemente. Déjeme evocar como ejemplo el que para mí fue el aspecto más negativo de la época: la condena absoluta del placer sexual, simbolizado por el llamado "pecado de la carne". La alta Edad Media asumió las prohibiciones del Antiguo Testamento. Desde entonces, el cuerpo fue diabolizado, a pesar de algunas excepciones, como Santo Tomás de Aquino, para quien era lícito el placer en el acto amoroso. Frente a la opresión moral, la sociedad medieval reaccionó con la risa, la comedia y la ironía. El universo medieval fue un mundo de música y de cantos, promovió el órgano e inventó la polifonía.

-Hace un momento hizo referencia a los fornicadores que tuvieron un lugar en el purgatorio. ¿Cómo fue esto posible en una época de tanta represión sexual?

-Hay una anécdota que ilustra perfectamente la dualidad medieval. El rey Luis IX de Francia, que después sería canonizado como San Luis, tenía una vitalidad sexual desbordante. En los períodos en que las relaciones carnales eran lícitas (fuera de las fiestas religiosas), el monarca no se contentaba con reunirse con su esposa por las noches. También lo hacía durante el día. Esto irritaba mucho a su madre, Blanca de Castilla, que en cuanto se enteraba de que su hijo estaba con la reina intentaba introducirse en la habitación para poner fin a sus efusiones. Luis IX decidió entonces poner un guardián ante su puerta, que debía prevenirlo y darle tiempo de disimular su desenfreno. Ese hombre lleno de ardor tuvo once hijos y cuando partió a la Cruzada, en 1248, llevó a su mujer, a fin de no privarse de sus placeres sexuales. ¡No imaginará usted que la Iglesia podía enviar a San Luis a arder en el fuego eterno del infierno!

-¿También podríamos decir que la Edad Media inventó el concepto de Occidente?

-La palabra "Occidente" no me gusta. Pronunciada por los occidentales, tiene un contenido de soberbia para el resto del planeta.

-Pero entonces, ¿cómo definir, por ejemplo, a América, heredera de Europa?

-América ha dejado de ser la heredera de Europa. Lo fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto Estados Unidos como el resto del continente dejaron de tener al hombre como centro de sus preocupaciones.

-Usted es un apasionado estudioso de la imaginación colectiva de la Edad Media. ¿Por qué eso es tan importante?

-Felizmente, las nuevas generaciones de historiadores siguen cada vez más esa tendencia. La imaginación colectiva se construye y se nutre de leyendas, de mitos. Se la podría definir como el sistema de sueños de una sociedad, de una civilización. Un sistema capaz de transformar la realidad en apasionadas imágenes mentales. Y esto es fundamental para comprender los procesos históricos. La historia se hace con hombres de carne y hueso, con sus sueños, sus creencias y sus necesidades cotidianas.

-¿Y cómo era esa imaginación medieval?

-Estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, cantando las leyendas doradas de la Edad Media. Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El medioevo vuelve a estar de moda con "Harry Potter",  "San Jorge", "La guerra de las galaxias" y los videojuegos. En realidad, la Edad Media tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días.

-¿Se podría decir entonces que seguimos viviendo en la Edad Media?

-Sí. Pero esto quiere decir todo lo contrario de que estamos en una época de hordas salvajes, ignorantes e incultas, sumergidos en pleno oscurantismo. Estamos en la Edad Media porque de ella heredamos la ciudad, las universidades, nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque, pensándolo bien, esto último bien podría estar en vías de extinción. .

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13 noviembre 2011 7 13 /11 /noviembre /2011 02:45

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Esta leyenda medie­val apa­rece en el Libro de las mara­vi­llas del mundo, de Juan de Man­de­vi­lla, esc­rito en torno a 1350. Se des­co­noce la fuente de la cual la tomó el autor inglés, aun­que pro­ba­ble­mente se trate de una crea­ción pro­pia, al menos en la parte que intenta expli­car el auge y caída de la Orden del Tem­ple.

 

Cuenta Man­de­vi­lla que en el lejano reino de Arme­nia, más allá de la ciu­dad de Layays, sobre una escar­pada roca, se eleva un viejo cas­ti­llo en una de cuyas salas hay una percha de cetrería her­mo­sa­mente for­jada. Sobre la percha des­cansa un gavilán que es cui­dado día y noche por una her­mosa dama de la raza de las hadas. A todos los que lle­gan al cas­ti­llo, si son capa­ces de vigi­lar al gavilán durante siete días y siete noches, la dama les con­cede un deseo. Pero ¡ay de aquel que se quede dor­mido durante ese tiempo!, por­que enton­ces se des­va­ne­cerá como un sueño y nadie vol­verá a saber de él.

 

Entre los que pasa­ron la prueba se cuenta un rey de Arme­nia, quien tras haber reci­bido noti­cias sobre el cas­ti­llo lo buscó sin des­canso hasta encon­trarlo. En su inte­rior halló la percha con el gavilán, al que guardó durante siete días y siete noches.

 

Cuando se cum­plió el plazo, apa­re­ció la dama y le pre­guntó qué era lo que deseaba, pues le sería con­ce­dido. El rey res­pon­dió que no quería rique­zas ni poder, pues de uno y otro tenía en abun­dan­cia. Y en ver­dad que hasta enton­ces no había pen­sado pedir nada, pero en aquel momento, mien­tras miraba a la dama, esta le pare­ció suma­mente her­mosa, mucho más que cual­quier mujer a la que hubiese abra­zado nunca y le dijo que deseaba estar con ella una noche.

 

 

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La dama res­pon­dió que, además de pare­cerle indigno que inten­tase apro­vechar la situa­ción para satis­fa­cer sus bajos ins­tin­tos, aque­llo que pedía le era impo­si­ble de cum­plir, pues solo podía con­ce­der dones terre­na­les y ella misma era un ser espec­tral. Por tanto, con­ce­dió, haría como si nunca hubiese escuchado sus pala­bras y le daría la opor­tu­ni­dad de hablar de nuevo.

 

Pero como el rey, terco, seguía soli­ci­tando lo mismo, ella le des­pi­dió dicién­dole que ya que no pedía nada, le con­ce­dería algo por volun­tad pro­pia: desde aquel momento, él y sus des­cen­dien­tes no dis­fru­tarían de un solo momento de paz, serían vasa­llos de sus ene­mi­gos y verían como sus bie­nes dis­mi­nuían hasta desa­pa­re­cer. Y así fue, dice Man­de­vi­lla, puesto que durante muchos años el reino de Arme­nia estuvo en gue­rra con los sarra­ce­nos y se vio obli­gado a ren­dir­les tributo.

 

Al Cas­ti­llo del Gavilán llegó tam­bién un hom­bre pobre que pasó con éxito la prueba. Como pre­mio dijo a la dama que le gus­taría poseer muchos bie­nes y saber comer­ciar con ellos. La dama se lo con­ce­dió y este hom­bre llegó a con­ver­tirse en el mer­ca­der más prós­pero y cono­cido de su época, aun­que su nom­bre no se ha conservado.

Asi­mismo, vigiló al gavilán durante siete días y siete noches, sin dor­mir un solo momento, un caba­llero tem­pla­rio, quien pidió a la dama una bolsa que siem­pre estu­viese llena de oro. La dama se la entregó advir­tién­dole que aque­lla bolsa suponía el fin de su orden, pues debido a su riqueza se vol­verían orgu­llo­sos y caerían pro­te­gién­dola. Así suce­dió, conc­luye Made­vi­lla, que esc­ribía ape­nas 40 años des­pués de que el último gran maes­tre de la orden, Jac­ques de Molay, pere­ciese en la hoguera.

 

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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 21:18

 

En el siglo IV-V apareció una corriente cristiana en España encabezada por Prisciliano basada en la austeridad y la pobreza en contra de la opulencia de la Iglesia del momento. Dio gran importancia a la libertad de la mujer, haciéndola partícipe de las liturgias, liberó a los monjes de la prohibición del matrimonio y recomendó la abstinencia del alcohol y del celibato.

Esta nueva religión se extendió por el Oeste de la península ibérica y fue declarada herética por el Papa, que consiguió arrestar y decapitar a Prisciliano después de torturarlo. De alguna manera sus seguidores consiguieron hacerse con el cuerpo y enterrarlo en lo que hoy llamamos Santiago de Compostela, la tierra natal de Prisciliano. Durante 2 siglos hubo predicaciones a su tumba sin que la Iglesia oficial pudiera evitar que se le rindiera culto

 

Desafortunadamente, la invasión y extensión de los bárbaros por Hispania hizo que las predicaciones a la tumba fueran disminuyendo, momento que la Iglesia aprovechó para hacer correr el rumor que en Compostela se hallaba la tumba del Apóstol Santiago y no la de Prisciliano. Según la leyenda, Santiago el Mayor llegó a Compostela en una barca de piedra y fue decapitado y enterrado allí, pero no existen pruebas de que el Apóstol llegara nunca a Hispania. Se encontró una tumba con un cuerpo decapitado donde hoy está su supuesta tumba pero la Iglesia jamás ha permitido un análisis de ADN para comprobar si los restos son del siglo I (serían de Santiago) o del siglo IV (serían de Prisciliano).

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 20:28

La leyenda de Preste Juan y su reino capturó la imaginación de Occidente desde el siglo XII hasta el XVII. Durante ese tiempo los europeos lo buscaron con gran ahínco y dedicación en los confines de Asia, India y más tarde, Etiopía.

 

Era un reino perdido, de devotos cristianos, que había quedado aislado del resto de la cristiandad rodeado de paganos y sarracenos. Era un reino lleno de maravillas y riquezas, casi un paraíso en la tierra, dirigido por un hombre sabio, presbítero y rey a la vez, descendiente de uno de los Reyes Magos.La leyenda de Preste Juan aparece a principios del siglo XII con los rumores de dos visitas, una, del Arzobispo de India a Constantinopla y otra, del Patriarca de India a Roma en tiempos del Papa Calixto II. No hay evidencias fiables de estas visitas, pues los testimonios de los que se dispone son de fuentes indirectas, pero aparentemente se trataría de Cristianos de Santo Tomás de la India.

La siguiente referencia sería la del cronista alemán Otto de Freising, quien comenta en su “Chronica sive Historia de duabus civitatibus” (Crónica o historia de la dos ciudades) del 1145 que al año anterior se ha reunido con un tal Hugo, obispo de Jabala en Siria, en la corte del Papa Eugenio II en Viterbo. Este Hugo había sido enviado por el príncipe Raimundo de Antioquía en busca de apoyo de Occidente en su lucha contra los sarracenos tras la caída de Edesa. Se dice que el consejo de este Hugo incitó a Papa Eugenio a llamar a la Segunda Cruzada.

 

Hugo también explicó a Otto en presencia del Papa que Preste Juan, un cristiano nestoriano que era a la vez presbítero y rey de un territorio más allá de Armenia y Persia, había recuperado la ciudad de Ecbatana de manos de los reyes persas en una gran batalla no hacía demasiados años. Tras esta primera victoria Preste Juan, decidido a recuperar Tierra Santa, había puesto rumbo hacia Jerusalén, aunque finalmente las aguas del Tigris le habían obligado a desistir y volver a su reino. Preste Juan era un rey rico, como muestra de ello, la gran esmeralda de su cetro, y santo, descendiente de uno de los Reyes Magos.

 

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Parece ser que esta crónica de Otto, que es la primera mención escrita de Preste Juan, es un embrollo de eventos reales. En 1141, el Kanato de Kara-Kitai, había derrotado a los turcos selyúcidas cerca de Samarcanda. En aquel tiempo los selyúcidas gobernaban sobre Persia y eran la mayor potencia del mundo musulmán, aunque esa derrota los debilitó de manera significativa. Si bien, los Kara-Kitai no eran cristianos, ni su líder, Yelu Dashi, era llamado Preste Juan, varios de sus vasallos sí que eran nestorianos, lo cual podría haber contribuido a la creación de la leyenda.

Sea cierta o no esta confusión, lo cierto es que la derrota de los selyúcidas animó a los cruzados al creer que disponían de un aliado en Oriente que les podría ayudar en caso de necesidad. Aunque Otto intentando evitar este peligroso sentimiento de complacencia en los promotores de la cruzada afirmaba que no podían contar con la ayuda de ese rey poderoso de Oriente. Por otro lado, el ascenso del imperio mongol permitió a los europeos visitar tierras que no habían visto antes y fueron muchos los que se aventuraron por las carreteras seguras del imperio. La creencia que la supervivencia de los estados cruzados dependía de la alianza con un monarca oriental, explica los numerosos misioneros y embajadores que se enviaron a los mongoles.

No se vuelve a saber nada de Preste Juan hasta 20 años después, cuando en 1165 empiezan a circular por Europa copias de la Carta de Preste Juan, una carta que se decía escrita por Preste Juan, “el más grande monarca bajo el cielo y un cristiano devoto” e iba dirigida al emperador bizantino Emanuel I Comneno y a otros principes. En realidad, la carta parece más bien un cuento lleno de maravillas con muchísimas similitudes con el “Román de d’Alexandre” (una colección de leyendas sobre las hazañas de Alejando Magno) y las “Actas de Tomás”, lo cual nos indica que es más que probable que el autor conociera esos dos relatos.

En la carta se hablaba de Preste Juan, un monarca que reinaba sobre 72 reinos y que cuando iba a la guerra era seguido por 10.000 caballeros y 100.000 soldados. Su tierra era rica en plata y oro, y muchas criaturas maravillosas vivían en ella, desde bestias desconocidas a hombres con cuernos y tres ojos, también había mujeres que luchaban montadas a caballo u hombres que vivían más de 200 años, tampoco faltaban unicornios, caníbales o elefantes. Todo era perfecto en su reino, no había pobres, no había ladrones, tampoco había avaros, mentiras ni vicios. En su palacio, Preste Juan disponía de un espejo mágico con el que podía ver de todo lo que pasaba en sus provincias y descubrir cualquier conspiración.
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El imperio de este rey llegaba a la India, donde había sido enterrado el cuerpo de Santo Tomás, comprendía las ruinas de Babilonia o la Torre de Babel, sin olvidar la Fuente de la Eterna Juventud. La carta contenía dos peticiones al Papa, la cesión de una iglesia en Roma y la concesión de ciertos derechos sobre la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

No es de extrañar que las maravillas y riquezas de las que hablaba la carta capturaran la imaginación de los europeos, y enseguida la carta fue traducida a varios idiomas. Y como suele pasar, muchas de las copias eran aún más exageradas y fantásticas que la original, en la actualidad se conservan aún unas cien copias manuscritas. La aparición de la imprenta perpetuó la carta que aún era popular durante la Era de los Descubrimientos.

La creencia en la existencia era tan extendida que el Papa Alejandro III, parece ser, envió una carta a Preste Juan a través de su emisario Felipe, su médico, datada el 27 de setiembre de 1177 en Venecia. Del emisario jamás se volvió a saber, pero lo más probable es que no regresara con noticias del Preste. De esta carta se conserva alguna copia, en ella el Papa se dirige a su destinatario como “carissimo in Christo filio Johanni”, aunque parece factible que el Papa se esté dirigiendo a Preste Juan, la carta no permite afirmarlo con certeza.

En 1221 Jacobo de Vitry, obispo de Acre, regresó de la desastrosa Quinta Cruzada pese a todo con buenas noticias: El rey David de India, hijo o nieto de Preste Juan, había movilizado sus ejércitos contra los sarracenos y había conseguido conquistar Persia a los Jorezmitas y seguía avanzando hacia Bagdad. Este descendiente del rey que había derrotado a los Selyúcidas en 1141 se proponía reconquistar Jerusalén.

Las informaciones del obispo eran en parte ciertas, en efecto, un gran rey había conquistado Persia, sin embargo no se trataba de ningún monarca nestoriano, sino de Gengis Kan. La posterior confirmación de este error y la certificación de que no los mongoles no eran precisamente unos píos peregrinos, hizo necesaria una readaptación de la leyenda. Los mongoles pasaron ahora a convertirse en las hordas salvajes que Preste Juan mencionaba en su carta al emperador bizantino. Estas hordas se habrían levantado contra su rey, el Rey David, matándolo a él y a su padre. Se pasó entonces a identificar a Preste Juan con el padre adoptivo de Gengis Kan, Togrul.

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Togrul era rey de los Keraitas y como gran parte de este pueblo mongol muy probablemente era cristiano nestoriano. Tras la muerte del padre de Gengis Kan, del cual Togrul era “hermano de sangre”, acogió a Gengis Kan bajo su protección. Gengis y Togrul fueron en sus inicios fieles aliados, pero acabaron enfrentándose cuando Togrul rechazó la propuesta de matrimonio entre los hijos de ambos. Togrul consideraba a Gengis un vasallo y encontró la propuesta un atrevimiento. El enfrentamiento acabó desembocando en una guerra abierta, de la cual Togrul saldría derrotado.

En los relatos de esta época, los cronistas como Marco Polo, el historiador Jan de Joinville o franciscano Odorico de Pordenone rebajaron la imagen de este Preste Juan keraita, describiéndolo de una manera más realista y creíble. Preste Juan dejaba de ser un héroe invencible para ser una víctima más del imperio mongol. Odorico afirmaba haber visitado en torno al 1326 el país gobernado por un descendiente de Preste Juan, aunque afirma que sólo es cierta una de cada cien partes de lo que se dice sobre él.

El colapso del imperio mongol volvería a cambiar la imagen de Preste Juan. Para empezar, se empezó a cuestionar que hubiera sido realmente un rey de Asia Central. Las maravillas y los toques fantásticos vuelven a abundar en los relatos sobre el Preste y su posible localización se traslada de las estepas asiáticas a alguna área indefinida de la India o a las montañas del Cáucaso. De esta época se conserva un mapa catalán publicado en 1375, en el que se sitúan varios reinos cristianos en India. En otro mapa, este de 1447, se pueden ver torres a los pies del Caucaso, y debajo escrito “El Preste, Rey Juan construyó estas torres para impedir que [tártaros] le atacaran”, alguna obra del siglo XII ya había considerado la posibilidad que el presbítero fuera armenio.
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Al cabo de unos años se vuelve a cambiar el lugar donde buscar el reino de Preste Juan y se empieza a considerar Abisinia, en Etiopía, como la opción más probable. Algunos eruditos opinan que la enigmática carta del Papa Alejando habría sido realmente enviada al Negus (rey) de Etiopía. Si bien es cierto que desde la aparición de la leyenda siempre se habló de un rey de India, India era un término vago para los europeos de la época. Los escritores de la época llegan a hablar de “Tres Indias” y Etiopia era a menudo considerada una de ellas. Marco Polo había descrito Etiopia como una tierra magnífica y los cristianos ortodoxos tienen una leyenda según la cual un día Etiopia se levantará e invadirá Arabia.

Pese a estos hechos nadie situó a Preste Juan allí, hasta que en 1306 el emperador etíope Wedem Arad envió a 30 embajadores a Europa, y Preste Juan fue mencionado como el patriarca de su iglesia. La primera referencia clara de un Preste Juan africano es en la “Mirabilia Descripta” del misionero dominicano Jordanus. Cuando Jordanus describe la “Tercera India”, enumera un gran número de historias fantásticas acerca de esa tierra y de su rey, a quien los europeos llaman Preste Juan. A partir de este punto, la posible localización africana del mítico reino empieza a ganar popularidad.

La exploración de la costa africana por parte de los portugueses se ve influida por esta leyenda, considerándolo un posible aliado y colaborador. Los portugueses, allá donde van, esperan una y otra vez encontrar a Preste Juan, Vasco de Gama incluso llevaba cartas de presentación para él. Así no es de extrañar que cuando los portugueses establecen relaciones diplomáticas con el emperador etíope en 1520, se refieran a él como Preste Juan, pese a que los etíopes jamás lo habían llamado así.

Muchos expertos modernos consideran que la leyenda fue adaptada para encajar con Etiopía de la misma manera que durante el siglo XIII se había hecho para encajarla con los keraitas. Si bien es cierto que el reino cristiano de Abisinia había resistido con éxito durante siglos la presión del Islam, o que el Negus combinaba en una misma persona una cierta autoridad espiritual y terrenal. Los eruditos modernos no han encontrado nada en Etiopía que permita identificarla con el mítico reino y han comprobado que jamás llamaron así a ninguno de sus monarcas. De hecho, la primera noticia que tuvieron de Preste Juan les llegó a través de los primeros contactos con los europeos.

El reino de Preste Juan acabó desapareciendo de los mapas, cuando el orientalista alemán del siglo XVII, Leutholf, demostró que no había ninguna prueba que permitiera mantener la conexión entre el mítico monarca y los reyes etíopes. Pero para entonces la leyenda llevaba varios cientos de años influyendo el devenir de la historia de Europa y del resto del mundo, estimulando a los descubridores portugueses como antes lo había hecho con los viajeros medievales, o animando la actividad misionera de franciscanos y dominicos en Asia Central y China, que tenían la conversión del Kan mongol como su objetivo final. También estimuló a los estudiosos, en los que despertó un cierto interés científico en la resolución del enigma.

Pese a que las posibilidades reales de encontrar el reino hace tiempo desaparecieron, las referencias a Preste Juan han llegado hasta nuestros días. Se siguen escribiendo libros basados en él y son numerosas las referencias al personaje de Preste Juan en muchas otros. Se han escrito desde comics, “Prester John” de Marvel, a libros, como el de John Buchan. El reino de Preste Juan ocupa un lugar central en la novela Baduolino de Umberto Eco.

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