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21 julio 2013 7 21 /07 /julio /2013 14:33

INVESTIGADORES DE LA UB INVESTIGAN LA LEYENDA DEL TAMBOR DEL BRUC

 

 

Un grupo de investigadores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona (UB) cree haber localizado el lugar donde el joven tamborilero del Bruc tocó su tambor que, según la leyenda, ahuyentó a las tropas francesas durante las batallas del 6 de junio de 1808.

La entrada Descubren el lugar donde tocó el tambor del Bruc para ahuyentar los franceses aparece primero en EFE futuro.

 

Fuentes de la UB han informado que la investigación sitúa este lugar bajo el cerro de Les Torres de Can Maçana, junto al macizo de Montserrat y han avanzado que la investigación se completará con un amplio estudio sonoro de la zona para determinar la influencia real del sonido del tambor en la batalla.

 

La investigación se ha desarrollado en el marco del máster de Creación Artística, Realismos y Entornos de la UB, dirigido por el doctor en Arqueología Sonora Experimental Vicent Maamoros y el catedrático de Arte Sonoro Josep Cerdà.

La investigación ha durado siete años con una extensa búsqueda sobre el terreno y en archivos y bibliotecas, además de decenas de entrevistas a vecinos de los pueblos de la zona para conseguir información oral inédita.

 

 

El próximo domingo en el cerro de Can Maçana, en el término del Bruc (Barcelona), los investigadores recrearán el sonido del timbal del Bruc, desde el lugar en el que supuestamente se tocó el tambor hace 205 años para determinar si la leyenda está fundamentada o no en hechos reales relacionados con la acústica de la zona.

El artista e historiador Marc Sellarés, que ha participado en la investigación, ha explicado que empezó esta búsqueda para hacer realidad el sueño de su infancia de encontrar el escenario de las batallas del Bruc, donde, de pequeño, imaginaba “un campo de batalla lleno de espadas y escudos”.

“Al analizar la batalla a partir de toda la información que he recopilado de los movimientos de las tropas, del lugar y del momento en que el dieron el contragolpe, puedo determinar con mucha precisión el lugar desde donde el tamborilero podría haber tocado mientras sus compañeros saltaban sobre los soldados que esperaban en un collado”, ha asegurado Sellarés.

 

La leyenda explica que el repique del timbal ahuyentó a los soldados franceses porque pensaron que eran atacados por el ejército español, que se habría unido a las fuerzas de los somatenes.

La orografía del terreno señala que la colina de Les Torres es “por lógica” el único punto desde donde los somatenes, que llegaban rearmados desde Sallent y Santpedor, pudieron iniciar el contraataque sobre las tropas francesas.

“Otro acceso a la zona habría hecho visibles a los somatenes y no habría permitido el ataque por sorpresa a los soldados franceses que estaban custodiando una zona determinada y que fue donde comenzó la reconquista de esta batalla”, ha afirmado el historiador.

 

La investigación parte de la hipótesis de que el tambor del Bruc existió realmente “porque hay documentos que hablan de él”, defiende Sellarés, que menciona como ejemplo una noticia publicada en el ‘Diario de Manresa’ del 29 de noviembre de 188 referente a una fiesta de Santpedor en la que se dice que “desfiló el famoso tambor del Bruc”.

El próximo paso de la investigación es medir el área de influencia del sonido del tambor y si realmente se podría haber oído desde los puntos donde estaban situadas las tropas francesas, y hasta qué punto la orografía de la zona habría multiplicado su efecto por el eco de las rocas de Montserrat.

 

De hecho, las primeras pruebas se hicieron el pasado día 17, aunque la idea es equipar a varios grupos con micrófonos ambientales, medidores de decibelios y cámaras de grabación para que recorran la zona mientras un tamborilero toca desde el punto del collado de Les Torres.

 

Los investigadores quieren comprobar el sonido incluso de noche para evitar la contaminación acústica diurna actual y hacerlo en varios días para que haya diferentes condiciones atmosféricas.

Sellarés ha anunciado que pretende aprovechar su investigación para impulsar una recreación virtual de la batalla, una película y un juego de ordenador. 

fuente de la notícia: 
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20 julio 2013 6 20 /07 /julio /2013 20:40

Los orígenes de los pueblos son inciertos, como sumidos en la niebla. Pero la ausencia de documentos históricos es paliada generosamente por la leyenda, que satisface con creces las ansias de saber de donde venimos, de conocer nuestra ascendencia, de manera que podamos entender quienes somos y fomentar ingenuamente un orgullo nacional.

 

Y acostumbra a suceder que siempre los ascendentes míticos, los fundadores de linajes y naciones, poseen un carácter heroico, son de una constitución fuerte y altiva y sus gestas tienen un tono épico y ejemplar.

 

Los catalanes desconocemos la procedencia del nombre de Cataluña y su significado, como también el origen de la bandera de las cuatro barras, gloriosa y antigua. Los historiadores intentan responder a nuestras preguntas: El nombre de Cataluña aparece por primera vez entre los siglos XI-XII, aplicado primeramente a unos apellidos: Catalan, Cataluing, Cadalona... después, a la nación: Catalania, Catalunya. Las barras aparecen por primera vez en un sello del conde Ramón Berenguer III, datado en el siglo 1150, el numero de barras, aunque es indeterminado y no se establece hasta el siglo XIII.

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Quizás el mayor interés de esas barras radique en las leyendas relacionadas con ellas. La ubicada con mayor antigüedad las hace enseña del legendario Otger Cataló y sus nueve barones de la fama, míticos fundadores de Cataluña en el siglo VIII. Pero sin duda la más extendida, que cualquier catalán conoce, la relaciona con Wifredo el Velloso (“Jofre el Pelós”), conde de Barcelona en 878-897. Hay que remontarse a esa época, cuando Cataluña era pertenencia del Imperio Carolingio, la defensa de cuyos bordes corría a cargo de unos territorios (marcas), uno de los cuales era la llamada Marca Hispánica, aproximadamente la actual Cataluña.

 

La bonita leyenda establece que, en ocasión de una guerra de los normandos contra el Sacro Imperio, el conde barcelonés peleó con bravura a favor del emperador germánico Luís el Piadoso (+879), de modo que resultó herido.El monarca le visitó en su tienda, preguntándole qué deseaba Wifredo como recompensa por su valor, y éste habría contestado que una enseña para su escudo, que por entonces era dorado, sin dibujo alguno. El emperador franco mojó los cuatro dedos oponibles de su mano en la herida todavía sangrante de Wifredo, y deslizándolos por el escudo, marcó en ellos para siempre “las cuatro barras”.

 

 

Esta leyenda haría el escudo más moderno que la de Otger Cataló, pero, en definitiva, poco importa; ambas son muy románticas, pero fruto de la imaginación, y ninguna ha sido tomada en serio por los historiadores (Zurita, en sus Anales de la Corona de Aragón, ni siquiera la comenta, pese a su credulidad en otros temas milagrosos). Sólo los escritores y poetas románticos le darían la mayor difusión, especialmente en el siglo XIX.

La leyenda de Wifredo ha sido estudiada a fondo a través de la cantidad de comentarios que ha recibido con los años, en los que se ha descubierto, sin lugar a dudas, su autor: el valenciano Pere Anton Beuter, que incorporó a la segunda parte de su Crónica general de España, publicada en Valencia en 1552. Tratando del emperador franco Luis el Piadoso escribe Beuter:

 

En este comedio los normandos entraron por la tierra de Fran­cia, y huvo de hazer guerra el emperador Loís para resistirles, y fue a servirle el conde [Wifredo el Velloso] con los cavalleros barceloneses que con él se hallaron y pelearon con los nor­mandos valerosamente y venciéronlos. En esta batalla (según he hallado escrito en unos quadernos de mano) diz que pidió el conde Jofre valeroso al emperador Loís que le diesse armas que pudiesse traher en el escudo, que llevava dorado sin nin­guna divisa, y el emperador, viendo que havía sido en aquella batalla tan valeroso, que con muchas llagas que recibiera, hiziera maravillas, llegóse a él y mojóse la mano derecha de la sangre que le salía al conde, y passó los quatro dedos ansí en­sangrentados encima del escudo dorado de alto abaxo, ha­ziendo quatro rayas de sangre, y dixo: «Éstas serán vuestras armas, conde». Y de allí tomó las quatro rayas, o bandas de sangre en campo dorado, que son las armas de Cathaluña, que agora dezimos de Aragón.

 

Este origen ha sido comprobado hasta la saciedad por la crítica moderna, y puede considerase hoy como incontrovertible. Lo abonan una serie de hechos colaterales, como que nunca, hasta ese momento, nadie había nombrado la leyenda de Wifredo al hablar de las cuatro barras, aparte del hecho de que el color gules en heráldica es asociado con la sangre, de manera que es fácil la aparición de leyendas ad hoc. Pero, sobre todo, se halla un antecedente directísimo en el libro Nobiliario vero de Hernán Mexía impreso en Sevilla en 1492, en el cual se atribuye el origen de las “tres faxas de gules” de algunos caballeros andaluces, en ocasión de que habiendo resultado herido uno de ellos en tiempos del rey Fernando el Católico, “el rrey, mojada a mano de la sangre, pasóla por el escudo de dicho cavallero e no tiñó salvo con los tres dedos; e desta causa desde entonces traen aquellas tres faxas bermejas en un escudo de oro”. Como vemos, Beuter no se hernió adaptando la leyenda al conde de Barcelona; incluso emplea en ocasiones las mismas palabras.

 

En el siglo XV aparecieron versiones primarias de la leyenda que explicaban la creación de esta señal heráldica en una marcas de sangre hechas sobre un escudo dorado, hasta que finalmente en el siglo XVI fue el mismo Beuter quien advirtió que había encontrado la leyenda de Guifré el Pelós y las barras de sangre en unos supuestos «cuadernos de mano» (cuadernos manuscritos), sin dar más indicaciones. Si bien no puede ser dicho, con absoluta seguridad, que Beuter fuera el creador de la leyenda, parece claro que el recurso de los «cuadernos de mano», o bien remite a una fuente anterior, o bien fue un subterfugio para evitar cualquier crítica posterior.

 

La leyenda valenciana de las cuatro barras de sangre fue un éxito inmediato y fulminante, siendo a partir de entonces copiada por todos los historiadores posteriores dándola como verídica. No fue hasta 1812 cuando el historiador catalán Joan de Sans i de Barutell desacreditó cualquier veracidad de la leyenda valenciana de las cuatro barras señalando las incoherencias históricas que presenta respecto a Guifré el Pelós (c. 840-897), mientras que el heraldista Faustino Menéndez Pidal de Navascués ha demostrado que laheráldica no apareció en Europa hasta finales del segundo cuarto del siglo XII (1125-1150). Aunque en 1812 Joan de Sans i de Barutell desacreditó totalmente la historicidad de la leyenda, no por eso dejó de ser una leyenda famosa, razón por la cual los artistes sintieron la necesidad de reproducirla gráficamente y de englosarla en poemas. La leyenda valenciana de las cuatro barras de sangre apaericad en el siglo XVI no se ha de confundir con la Leyenda medieval de Guifré el Pelós, compilada por los monjes del monasterio de Santa María de Ripoll en el siglo XII.

 

Para saber más:

GUIFRE EL PILOS 

FERRAN SOLDEVILA I ZUBIBURU , PUBLICACIONES DE L ABADIA DE MONSER

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20 julio 2013 6 20 /07 /julio /2013 15:58

 

Os paso algunos de los enlaces más interesantes que he encontrado recorriendo la red sobre el tema cátaro. Son conferencias o debates profundos e interesantes. Hay una conferencia de la profesora Almudena Blasco, de la Universitat Autónoma, la cual fue profesora mia de la asignatura de Leyendas Medievales. Recordar que en mi blog, hay un articulo dedicado a los cátaros y a sus leyendas. Saludos

 

cataros.jpg

inkl

 

 link

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20 julio 2013 6 20 /07 /julio /2013 00:25

Allá por el año 999 fue elegido el primer papa francés, Gerberto de Aurillac, que llegaría al año 1000 con el nombre de Silvestre II. Era un sabio que había aprendido algunos de los muchos saberes que dominaba en Córdoba y Sevilla. Fue allí, con los árabes, con los que llegó a convertirse en un experto astrónomo y matemático, algo que en la Europa cristiana de aquellos años no tenía nada de normal.

Silvestre II con una esfera armilar, con la tierra en el centro y las órbitas de los planetas alrededor

 

Sería por aquello, y también por historias políticas en las que no vamos a entrar ahora, que algunos de sus contemporáneos, de esos que siempre prefieren buscarle tres pies al gato, decidieron que todos aquellos saberes no eran normales, y que se debían… ¡¡¡a un pacto con el demonio!!! Y claro, enseguida empezaron a inventarse todo tipo de historias. Se llegó a decir, por ejemplo que mientras él nacía en Francia, a miles de kilómetros de allí, en Jordania, un gallo cantó tres veces y se escuchó hasta en Roma. También se contaba que cuando era niño un temible ermitaño que vivía en una cueva y decía que era descendiente de los druidas le había predicho un magnífico futuro, enseñándole además la magia celta. Y que cuando tenía 12 años unos monjes lo vieron tallando una rama para hacerse un tubo con el que observar las estrellas, y se lo llevaron a estudiar a la abadía. En fin, ya se sabe: cuando un personaje llega a ser importante desde abajo lo normal es inventarle una infancia que esté a la altura de las circunstancias para justificar semejante ascenso, cuanto más legendaria mejor.

Relieve en la base del monumento que hay en Aurillac, en el que se ve a los monjes encontrando al niño que fabrica un tubo para mirar las estrellas

 

Después de aquella estancia por tierras andaluzas de la que hemos hablado antes empezó a hacer carrera en serio: fue a Roma y el emperador de Alemania lo nombró tutor de su hijo; el arzobispo de Reims lo llamó para que diera clases en la escuela que tenía en la catedral; y como además introdujo en Francia el sistema decimal y el cero, construyó un globo terrestre, un órgano, relojes… y hasta unas cabezas parlantes que respondían a lo que se les preguntaba e incluso predecían el futuro, pronto empezaron a correr rumores de que practicaba la brujería.

El papa Silvestre II con un demonio que, de tan feíco que es, da ternura

 

La cuestión es que en el año 999 fue elegido papa. Por cierto, ¿sabéis cómo funciona la elección? Hoy se encierra a los cardenales en la capilla Sixtina y se cierra con llave (“cum clavis“, de ahí la palabra cónclave) para asegurarse de que no haya intromisiones. Sin embargo, en época de Silvestre II la capilla todavía no se había construido, y la nobleza romana participaba en la elección. En cualquier caso, nos olvidamos de la cuestión más importante: es el Espíritu Santo el que inspira a los electores, pero… los enemigos de Silvestre II (que en aquellos tiempos tan revueltos eran muchos) hicieron correr la voz de que el demonio, viejo conocido suyo según se decía, había entretenido al Espíritu Santo y había manipulado la elección en favor de su candidato. Vamos, el típico pucherazo de toda la vida.

        Monumento a Silvestre II en Aurillac, su ciudad natal

 

Poco duró su pontificado, pues cuatro años después murió. Ahora bien, ¿cómo? Pues hay todo tipo de leyendas. Se dice que se arrepintió de su pacto con el diablo y que pidió que su cuerpo fuera descuartizado y que no lo enterraran en tierra sagrada. También se cuenta que el acuerdo consistía en que el demonio tomaría su alma cuando él fuera a Jerusalén, cosa que no tenía ninguna intención de hacer, pero… resulta que entre sus muchos conocimientos no debía estar un detalle que conocía todo el mundo: la basílica de Santa Cruz en Jerusalén, en Roma, había sido construida sobre tierra traída… Ya sabéis de dónde, ¿no? Pues claro, de la mismísima Jerusalén. Así que cuando un día el papa fue a visitarla…

        Basílica de Santa Croce in Gerusalemme

 

Poner el papa un pie dentro y venir el demonio a cobrar su deuda fue todo uno. Eso sí, cuentan que en el acto el papa se arrepintió muchísimo de todo, cayó muerto y unos caballos alados recogieron su cuerpo y se lo llevaron a San Juan de Letrán, lo que todo el mundo interpretó como una señal clarísima de que Dios le había perdonado. ¿No hubierais pensado lo mismo vosotros? Pues claro que sí, no pongáis esa cara de incredulidad. El caso es que está enterrado allí, en una tumba de lo más misteriosa.

Para empezar, se cuenta que no está solo. ¿Quién duerme con él el sueño eterno? Una mujer. Sí, sí, una mujer en la tumba de un papa, pero aún hay más. Dicen que Satanás le había puesto para vigilarle un demonio femenino que se enamoró de él, renunció a la inmortalidad, se hizo mujer, vivió amancebada con él y están enterrados juntos. Cierto o no, esto no es lo más fuerte, ni mucho menos. Lo más impresionante es la leyenda que dice que esta tumba predice la muerte de los papas. Durante siglos, cada vez que un papa iba a morir los huesos de Silvestre II empezaban a chocar entre sí tan ruidosamente que cualquiera podía oírlos.

Tan llamativa era la cosa que un papa decidió abrirla para ver qué podía haber dentro, y en ese momento, al contacto con el aire los huesos se desintegraron y se convirtieron en polvo. ¿Fue aquello el fin de las predicciones? Pues para nada, porque parece que desde entonces la lápida suda cuando un papa va a morir, hasta el punto de que según algunos se llega a formar barro en el suelo. ¿Una exageración? Probablemente. ¿Hay algo de cierto en todo esto? Probablemente no. Pero ¿no es verdad que la vida es más bonita con historias como esta?

 

para saber más:

GERBERTO, EL PAPA DEL AÑO MIL 

PIERRE RICHE , NEREA,

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19 julio 2013 5 19 /07 /julio /2013 21:18

434px-Goya le sabbat des sorcières

La historia de San Teofilo de Adana o Teofilo el penitente (?-538dc) es significativa, ya que es la más antigua historia  legendaria de un pacto con el diablo. Teófilo fue el archidiácono de Adana, Cilicia, que forma parte de la actual Turquía moderna. Fue elegido por unanimidad para ser obispo, pero tomó la posición inferior por humildad. Otro hombre fue elegido en su lugar. 

 

Se cuenta que era un   archidiácono (ministro)  de Adana, Cilicia, con muchas ganas de ascender en la carrera eclesiastica, era un hombre bueno, estricto en la observancia religiosa, caritativo con los pobres, cercano a los enfermos y afligidos, elocuente en el púlpito, orante y penitente. 


A la muerte del obispo, fue llamado a sucederlo por aclamación del pueblo, sin embargo debido a su humildad lo rechazo, así que siguio en su cargo mientras otro llegaba a ese puesto. Lamentablemente comenzo a extenderse un rumor por toda la ciudad, de que habia rechazado el puesto para seguir manteniendo los tesoros de la Iglesia a su antojo. El nuevo obispo, sin investigarlo, lo hecho de su cargo.

 

Teófilo trato de demostrar su inocencia, pero le fue imposible, cegado por la rabia, el enojo o la frustracion... Visito a un viejo mago, que lo llevo a una encrucijada e invocó al diablo, con el que hizo un pacto, en el que, se comprometia a reintegrar su trabajo y buena fama, pero a un precio... debia abandonar a Dios y la Virgen, firmando el contrato con su propia sangre.

 

Parece que no, no fue el primero, y sin duda el último, en hacer tal cosa. Pero como decimos si es de las primeras leyendas que relacionan al hombre pactando con el Diablo. Estas historias, eran sobretodo educativas, con un mensaje profundamente adoctrinador en una época que carecia de los medios de comunicación de masas que tenemos hoy día. Para adoctrinar a las masas del medievo, la Iglesia hacía buen uso de historias como esta, en las cual se infundia el miedo a la herejia, al salirse de la regla marcada por Roma, y todo ello a través de historias sobre santos, retablos, y estatuas.

Unas imagenes que habían de mostrar conmoción y educar a los fieles en la doctrina cristiana, pues la mayoria de los fieles adolecian de saber leer y escribir. La imagen y la pabra oral eran claves en esa sociedad. Heho esta parentesis retomemos la historia de San teofilo...


A pesar del horrible pecado que había cometido, la Virgen se le apareció y le prometió que intercedería por él ante Dios. Se puso de pie antes de que el Diablo que le amenazaba con una espada, tomara el contrato de sus manos,  liberando al secretario. Esta aparición se hizo famosa y fue inmortalizada en una escultura de piedra en un portal transepto de la catedral de Notre Dame.

El tema principal de la historia es muy bonito, la misma idea que encontramos en otras leyendas medievales : La misericordia ilimitada de Nuestra Señora. Ella escucha a la menor demanda y responde a la manifestación más pequeña de la piedad filial, haciendo cosas extraordinarias.

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En el siglo IX, la historia aparece en un texto cristiano llamado Miraculum Sancte Marie de Theophilo penitente; este texto ya introduce la figura de un judío como mediador en el pacto con diabolus, su patrón. Se apunta así el libelo de sangre contra los judíos.

 

En el siglo X, la monja poetisa Hroswitha de Gandersheim adaptó este texto para un poema narrativo que elabora sobre la bondad intrínseca del cristiano Teófilo e internaliza las fuerzas del Bien y del Mal.

Así, atribuyendo al judío el carácter de mago y nigromante. Según su modelo, la Virgen devuelve a Teófilo el contrato maléfico para que se lo enseñe a su congregación, muriendo poco después.Gautier de Coincy (1177/8 – 1236) escribió un largo poema al respecto titulado Comment Theophilus vint a pénitence. Este texto sirvió de base para una obra teatral de RutebeufLe Miracle de Théophile (siglo XIII) donde Teófilo desempeña un papel central, con la Virgen y el Obispo en el lado del Bien y el judío y el diablo, en el lado del Mal.


Incidentes como este se repitieron ante la mirada de admiración de toda la cristiandad durante siglos con el fin de establecer firmemente en nuestras mentes que, incluso en la situación peor y más miserable, siempre vamos a encontrar ayuda y una solución si rezamos a la Virgen. 

San Bernardo afirma con fuerza esta verdad en el Memorare:

"Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu protección, implorado tu ayuda, o procuraban tu intercesión, haya sido desamparado."

La historia de Teófilo es una ilustración de la Memorare. Es la prueba de que la Virgen escucha hasta el hombre más miserable en una situación de desesperación próximo.

En este episodio, también vemos otro aspecto de la personalidad sacral de la Virgen, que es su santo odio.  Ella odia el Diablo, el pecado y el mal. Es la santa intransigencia.

El escultor que reproduce la historia de los Teófilo tenía un gran talento, porque las escenas son realmente expresivas. 


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Nuestra Señora de la lucha contra el diablo

 

El diablo está bien representada como una criatura espantosa. Su mano sólo tiene tres dedos rechonchos cortos con afiladas garras maléficas. Los dedos parecen que fueron amputados y tres garras salieron del muñón. No parece tener una muñeca. La muñeca tiene una transición suave entre el brazo y la mano, dando a la movilidad mano. En esta escultura, el diablo no tiene la muñeca, su primer movimiento de la articulación parece ser el codo. La imagen no se me permite decir con seguridad, pero de las otras esculturas podemos ver que sus piernas terminan en garras. Es monstruoso.

Su torso es grotesco con nervaduras salientes que se ejecutan a lo largo de su espalda que forman gruesos pliegues. La piel de su cuerpo se parece a la piel de un rinoceronte. Su boca es enorme, abierta en una expresión de tanto sarcasmo y la desesperación. La mirada, la posición de la cabeza y la postura del cuerpo, medio arrodillado, comparten el mismo espíritu: una mezcla de cobardía, la adulación y la burla. Nada es digno de alabanza en su actitud, todo es horrible. Las orejas son desproporcionadas con respecto a la cara, los ojos pequeños con el surco profundo que comienza en la esquina externa. Se diría que las lágrimas sucias de flujo de la desesperación eterna de los ojos del diablo en ese surco. Él tiene un moño ridículo también.

Vemos que la mano de Nuestra Señora sostiene el documento del pacto, que ordenó el diablo a entregar a ella. Esa monstruosa criatura corpulento tenía que obedecerla porque es totalmente subordinada a su imperio. A pesar de que es una delicada virgen, ha completar dominio sobre él.

La actitud de la Virgen hacia el Diablo se puede ver principalmente en el movimiento de la parte superior del pecho. Por ejemplo, los dos dedos cerrados sobre su mano izquierda le dan una impresión de su disgusto por él, la forma en que se cierra la mano a la vuelta de la espada muestra su decisión de castigarlo. Su fisonomía es grave - una cosa rara en las estatuas de la Virgen. Ella sostiene la espada por encima de la del diablo con la clara intención de matarlo fuera él mortal. Es la espada de la intransigencia, la espada de la maternal protección contra el monstruo que llevó a su hijo descarriado. Se avanza hacia el diablo y obliga a su retiro, él es impotente ante ella.

Mientras el rostro de la Virgen es severo hacia el diablo, Teófilo es sereno. Él tiene miedo, pero que confía. Está vestido como un monje en un hábito rasgado que puede haber venido del desgaste de tiempo en la piedra, o de las garras del diablo tratando de retenerlo. Es la Virgen que alivió los temores de Teófilo. Ella es la que trae la paz del alma. Tonsurado como un monje, Teófilo se encuentra en una posición de oración, y Nuestra Señora es entre él y el diablo, defendiéndolo.

En su cabeza Nuestra Señora tiene una corona para indicar que ella es la Reina, el más alto dignatario de los Cielos. Ella también tiene un halo de santidad para expresar que es la Santísima Madre de Dios.

Esta escultura tiene una vida y dinamismo extraordinario. Es muy diferente de las esculturas clásicas en las que vemos notablemente personas de buen aspecto con aires pretenciosos de los participantes en un concurso de belleza. La escultura medieval está vivo, real, la presentación de los más nobles sentimientos humanos - el amor maternal, el deseo del Cielo, el miedo al infierno - y lo peor, la venta de las almas de uno al diablo por ventajas. Incluso el diablo se presenta en una forma similar a un ser humano para hacer que la escena sea más accesible para el espectador humano. Es un buen ejemplo de la vida vibrante y vigorosa de la Edad Media.

La escultura nos ofrece un elemento para la meditación y la oración.

Es una escultura perfecta.

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La historia de Teófilo está esculpido en el portal del transepto norte
en la catedral de Notre Dame, la estatua de Nuestra Señora.


Para saber más:

BIBLIOGRAFÍA:

Heinrich kraermer, Jacobus

Sprenger: Malleus Malificarum.

El Martillo de las Brujas (ed.

Miguel Jiménez Monteserrín),

Madrid, 2004.

Cardini, franco: Magia, Brujería

y Supersitición en el Occidente

Medieval, Barcelona,

1982.

Cohn, norman: Los Enemigos

Familiares de Europa, Madrid,

1997 (1ª edición, 1980).

Duby, georges: Los Tres Órdenes

o lo Imaginario del Feudalismo,

Barcelona, 1980.

Mason, Philipe: Sources of

Faust Tradition, Nueva York,

1936.

Schmitt, jean- claude: Historia

de la Superstición, Barcelona,

1992.

 

 

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19 julio 2013 5 19 /07 /julio /2013 18:56

INTRODUCCIÓN

Creo sinceramente que la mejor respuesta

a este crítico problema deberá llegar

desde los hallazgos de la psicología,

y específicamente de aquéllos descubrimientos

que tengan que ver con la fuente de la naturaleza y el  mito.

 

Joseph Campbell. Los mitos.

 

La leyenda de Tristán e Isolda es de origen celta, una cultura (que procedente del suroeste de Alemania, donde permaneció arraigada hasta el segundo milenio a.C), que se extendió, primero en pequeñas avanzadas, hacia las Islas Británicas (1800-1600 a.C) y posteriormente en forma franca hasta la Galia e Iberia (1200-800 a.C.). Esta civilización tuvo su momento de apogeo durante los siglos vi-i a.C. y fue en este período en que se lanzó a Gran Bretaña. Su dispersión y métodos de conquista no planificados llevó a los celtas una pronta decadencia en el siglo ii, aunque su cultura permaneció sin diluirse hasta la Edad Media en Irlanda y norte de Escocia, lugares a los que el Imperio Romano no había propagado su poder.

 

 

Una de las fuentes indica como probable el que en las zonas celtas de las Islas Británicas se habría originado una leyenda en torno al rey de Irlanda Drystan, que reinó entre 780-785 d.C, adaptada y divulgada por cuentistas bretones y enriquecida con las aventuras juveniles del héroe. Posteriormente se unificaron con elementos provenientes de la tradición musulmana y los relatos orientales, transformando la primitiva leyenda celta.

 

Otra de las fuentes atribuye el origen de algunos episodios a una leyenda, la de los Fianna, que poseía un grandioso relato sobre un triángulo amoroso entre Finn, Griani su desposada y Diarmaid, su sobrino.

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La historia, en primer lugar, fue transmitida oralmente por la trovadoresca, una lírica amorosa con su teoría del amor cortés, que asimiló influencias orientales y árabes. Los trovadores eran clérigos dedicados al menester literario, poseedores de una lengua latina docta y desligados de su oficio eclesiástico, difundían el patrimonio cultural entre la clase noble.

Respecto a la tradición escrita, los textos anglo-normandos más antiguos datan del siglo xii: Tristrem de Thomas, al que le sigue el Tristán del normando Béroul, y en el siglo xiii Sir Tristrem, novela en verso que Walter Scott atribuye a Thomas of Ercildoune, llamado The Rhymer. Las versiones alemanas son las de Eilhart von Oberg, proveniente de una traducción escrita hacia 1170 de un original perdido, y la de Gottfried de Estrasburgo compuesta a principio del siglo xii sobre la versión de Thomas.

 

Según el historiador Georges Duby en El amor en la Edad Media y otros ensayos, existe un módelo esquemático que corresponde al amor cortés o fine amour. En este esquema un hom,bre "joven" —sin esposa y cuya formación no ha concluido— asedia a una mujer casada y, en consecuencia, inaccesible, protegida por un tipo de sociedad, que consideraba el adulterio de la esposa como la peor de las subversiones, amenazado con terribles castigos.

 

El amor fino, practicado en diferentes espacios de la corte, era considerado como algo exclusivo de los cortesanos." 

 

La leyenda de Tristán e Isolda es una de las más importantes creaciones poéticas y espirituales. No es sólo el testimonio de una época, ni el de un romance del amor cortés, es el testimonio de un amor-pasión mas fuerte que las leyes, que la moral, y que la vida misma y sus personajes representan un interrogante en cuanto a su naturaleza mítica y arquetípica. Pero, ¿qué son realmente los mitos y los arquetipos?.

 

Dice Manuel Angel Vázquez Medel en su artículo "El mito de Prometeo: Fundación y la quiebra de lo humano" publicado en la Universidad de Sevilla: "El mito, semióticamente, constituye un tipo de discurso fundamentador (a veces etiológico) que se caracteriza no sólo por sus dimensiones sintáctica y semántica sino, sobre todo, por su dimensión pragmática. Para que funcione con eficacia requiere un pacto fiduciario entre narrador y receptor.

 

El pensamiento mítico es un espacio privilegiado de reflexión. Un depósito de experiencias humanas, de pasiones y conflictos no sólo en clave racional (aunque no están del todo desprovistos de una ratio interna) sino, sobre todo, en clave emocional, vivencial (…)Volver la mirada al espacio mítico y preguntarnos cómo se registra en él la experiencia de la humanidad, cómo se funda y cómo se ve amenazado lo humano, es también volver no a un momento precario e infantil de la experiencia del hombre (in genere), sino, muy al contrario, a una experiencia más inmediata (en el sentido de menos mediada), más pura, más viva (…)Tal vez las grandes verdades del pensamiento griego hayan tenido a la postre mejor fortuna en el marco de la civilización occidental.

 

Desintegrado el espacio vital que regía su vivencia y sus interpretaciones, el espacio mítico ha podido ser fuente constante de reflexión abierta y de reinterpretaciones. Liberados de su doxa (que también existió en su momento) y de instituciones preservadoras y transmisoras de un significado y un sentido únicos, los grandes mitos grecolatinos recorren toda la espina dorsal de la experiencia de la cultura occidental."

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Para Carl Gustav Jung los arquetipos son formas o imágenes que integran el inconsciente colectivo, patrimonio de toda la humanidad, constitutivos del mito y que al mismo tiempo son productos autóctonos e individuales de origen inconsciente. Para Nietzsche, en nuestros años atravesamos el pensamiento de toda la humanidad primaria. De la misma manera en que el hombre razona en sus sueños razonaba en su etapa primera hace miles de años… El sueño nos retrotrae a las etapas primitivas de la cultura humana y nos da un medio para entenderlas mejor. Si bien los arquetipos son "seres eternos del sueño", no pertenecen exclusivamente al campo onírico, sino también al inconsciente colectivo, y particularmente al de los pueblos, y se encuentran en condiciones más desarrolladas en cuentos populares, mitos y leyendas.

Así pues, estos dos conceptos profundamente entrelazados, arraigados y perfectamente esquematizados son el eje central de este resumen, que pretende dar respuesta a un interrogante surgido de la lectura de la leyenda, esencial para la labor creativa de un escritor - guionista: ¿Hay mitos y arquetipos en Tristan e Isolda?

La Leyenda

Del niño al héroe

Todo empezó en una batalla: el buen rey Marcos veía como las tierras de Cornualles caían en manos del enemigo. Ante el horror, el fiel rey de Leonís, Rivalen, no dudó en cruzar el mar para ofrecer su espada a la espada amiga. Del final de la guerra no solamente obtendrían la victoria, sino que en virtud de su valentía, el rey Marcos ofrecería a Rivalen la mano de Blancaflor, su hermana. El compromiso no fue un fraude, aquellos dos inocentes se querían, pero su dulce matrimonio fue breve. Tuvieron que volver a su reino para defenderlo de otros enemigos.

Esta vez, la guerra sólo trajo desgracias: el cuerpo muerto de Rivalen y una tristeza profunda en el corazón de Blancaflor, que el mismo día que trajo al mundo a su hijo, murió y, como no podía ser de otra forma en un día tan triste, le puso por nombre Tristán. Pero el recién nacido no tuvo tiempo ni de llorar, porque los enemigos entraban en el castillo. Con el rey y la reina muertos, solamente quedaba el leal Rohalt para salvarlo: huyó con el recién nacido entre sus brazos y lo haría pasar por su hijo hasta que fuera seguro devolverle al linaje al que pertenecía, el de rey de Leonís.

 

Tristán fue educado entre sus hermanastros, pero a los siete años el escudero Governal se hizo cargo de su enseñanza, aquel que necesita todo rey para ser un caballero tanto en las armas como en las artes.

 

Fue este aprendizaje el que le salvó la vida cuando, raptado por unos mercaderes de Noruega y finalmente abandonado a la suerte del mar, llegó a tierras lejanas donde lo apreciaron por todos estos conocimientos. Esta tierra era Cornualles y el que más le quería era el buen rey Marcos. ¡Qué gran noticia cuando supieron que la sangre los unía! ¡Qué emoción sintieron cuando el buen rey Marcos vio al fin en los ojos de Tristán los del valiente Rivalen y la bella Blancaflor! Tanta era la amistad que unía ahora a estos dos hombres, que cuando Tristán volvió a Leonís para recuperar su trono, dejó el reino en manos del leal Rohalt, y volvió hacia las tierras de Cornualles, junto al buen rey Marcos.

 

Al llegar a Cornualles, el Morholt de Irlanda estaba aterrorizando a los aldeanos: reclamaba trescientas doncellas y trescientos niños por un impuesto ancestral. Ya os lo podéis imaginar, la espada de Tristán fue la única que se levantó para defender Cornualles de aquel tratado prehistórico. El héroe venció, como era de esperar, dejando parte de su espada en el cuerpo del enemigo, que a la vez dejó en el cuerpo de Tristán el veneno de su arma. Una victoria sin fiestas. Días después del combate, Tristán reposaba en una cama emponzoñada. Su cuerpo recubierto de heridas soltada un hedor que sólo el amor del fiel Governal y del rey Marcos podían soportar... pero Tristán puso fin: pidió a Governal que lo metiese en una barca y que lo enviase hacia al mar, una vez lo había salvado de los mercaderes y quizás ahora lo haría del veneno del Morholt.

Los venenos de Tristán

Esta vez, el mar le ayudó y le condenó para siempre al mismo tiempo. Lo llevó hasta las manos de una bella dama que lo supo curar, pero que también eran las manos del enemigo, de la sobrina del Morholt y de la hija del rey de Irlanda, Isolda la Blonda, las mismas manos que, sin quererlo, lo llevarían a una vida de errático amor. Pero esto último Tristán todavía no lo sabía, cuando las heridas empezaron a desaparecer y su rostro podía ser identificado, huyó a Cornualles dónde tomaría la fatídica decisión.

 

En el castillo del rey Marcos ya había empezado el complot: los varones más recelosos veían con malos ojos la amistad que le unía con Tristán y le exigían descendencia. Cansado de tanta palabrería, el rey Marcos propuso una apuesta: aquella mañana unas golondrinas le habían traído un cabello dorado y sólo se casaría con aquella a quien pertenecía. Tristán se lo pensó y queriendo tapar las bocas de aquellos que lo acusaban de pretender el reino, él mismo se echó de nuevo al mar para buscar a aquella que ya conocía y traerla a los brazos de su amigo. ¡Terrible valentía!

Cuando Tristán llegó al irlandés puerto de Weisefort, las voces reclamaban al valiente que al fin se desharía del dragón maléfico que cada día bajaba a la aldea y se comía a una familia entera. En la desesperación, el rey de Irlanda había ofrecido la mano de su hija, Isolda la Blonda, al caballero que consiguiese vencerlo.

Dragón
Dragón

Es evidente que Tristán no se lo pensó ni un segundo, subió por el camino que le había indicado un caballero fugitivo y comenzó la batalla entre el monstruo y el héroe: la espada de Tristán rebotó en la piel impenetrable del dragón, éste le arrancó la armadura, y con el pecho al descubierto, Tristán le devolvió el golpe una y otra vez. El dragón le ennegreció con su fuego envenenado, pero Tristán le respondió, se levantó y consiguió entrar su espada por la garganta del dragón, hasta llegar al mismo corazón de la bestia que quedó partido en dos. Tristán todavía tuvo fuerzas para cortarle la lengua como prueba de su hazaña, pero el veneno de la bestia ya circulaba por sus venas y entre los matorrales dejó caer su cuerpo vencido.


El cobarde caballero que había indicado el camino del monstruo a Tristán, volvió aquel mismo día donde estaba el dragón y al ver que estaba muerto pensó el engaño: el caballero que había matado a la bestia seguramente estaría muerto, así que cogió la cabeza del dragón y reclamó la mano de Isolda la Blonda. Al rey le costaba creer que aquel cobarde hubiese realizado la hazaña e Isolda la Blonda, lista entre hombres y mujeres, no quiso claudicar. Reunió a sus sirvientes más fieles y quiso ver la escena del crimen; unos metros más allá de donde se encontraba el dragón muerto, el cuerpo abatido de Tristán clamaba justicia.

 

De nuevo la habitación de Isolda la Blonda acogió al héroe para curarlo del veneno y poder demostrar, una vez recuperado, que él había sido el vencedor. La bella dama no reconoció en el rostro de Tristán al asesino de su tío, pero en cambio la espada del héroe habló por él: le faltaba un pequeño trozo que encajaba perfectamente con el que Isolda la Blonda había encontrado en el cuerpo de su tío Morholt, cuando volvió difunto a Weisefort.

No se lo pensó. Cogió la espada que un día había matado a su tío y la encaró contra Tristán. El valiente no tenía ni armas ni arpas para apaciguar la ira de la bella dama, pero todavía le quedaban las palabras. Despacio, la fue convenciendo de su valor, de por qué había tenido que matar el Morholt, de cómo había luchado por ella para deshacerse el dragón y de cómo había empezado todo cuando unas golondrinas habían traído uno de sus cabellos dorados a Cornualles.

 

La princesa se enterneció, pero la ternura no sería igual en el corazón del rey de Irlanda cuando viese delante suyo el culpable de la muerte de su hermano. Así que Isolda, otra vez lista como nadie, le hizo jurar a su padre que siempre guardaría lealtad al héroe que había matado al dragón y que le ofrecería igualmente su mano como esposa. Ante toda la corte de Weisefort apareció Tristán. El odio se podía leer en las espadas que, ahora desnudas, clamaban venganza. Anticipándose a la revuelta, Tristán había pedido que los mejores varones del reino de Cornualles viajaran hacia Weisefort para presentarse en el castillo. Acababan de entrar a la sala donde, con su nobleza, apaciguaron la rabia de Irlanda.

Tristán e Isolda
Tristán e Isolda

Las manos del rey de Irlanda unían ahora las de Tristán e Isolda y en aquel bello momento, Tristán prometió en voz alta que llevaría a la dama hasta los brazos del rey Marcos. Duras palabras para el corazón enternecido de Isolda la Blonda, que ahora se sentía traicionada por aquel que ella había decidido defender y que no la quería por esposa. La madre reina, previendo la inmensa tristeza de su hija, preparó una poción mágica en secreto y se la dio a la leal Brangien, sirviente y amiga de la princesa. Cuando el rey Marcos e Isolda bebieran la poción quedarían enamorados –con un amor que pocos mortales podrían entender- hasta el mismo día de su muerte.


 

La poción no tocó nunca los labios del rey Marcos. En el barco camino de Cornualles, mientras Brangien dormía el peor sueño de su vida, Tristán e Isolda tragaron por error el líquido encantado. Cuando Brangien despertó ya era demasiado tarde, los amantes estaban destinados a serlo por siempre jamás y en aquel mismo barco se entregaron el uno al otro, traicionando por siempre la lealtad al rey Marcos y entrando en un infierno que los perseguiría el resto de sus vidas.

Llegados a Cornualles, todo fueron abismos de este mismo infierno para los desesperados: la noche de boda con el rey Marcos, Brangien se hizo pasar por Isolda la Blonda dejando así su virginidad en manos del monarca y guardando a su reina de toda deshonra; después Isolda se iba volviendo loca de desconfianza, hasta el punto de ordenar a dos caballeros la muerte de su amiga Brangien, por miedo a que hablase –¡suerte tuvo Isolda de la piedad de los dos caballeros ante la historia de Brangien, que finalmente pudo volver a la corte en vida, abrazada por la amistad que Isolda le profesaba de nuevo!-; más tarde los varones empezaron a sospechar de los amantes y metieron otro veneno, el de los celos, en el corazón del rey Marcos para que echara a Tristán de su reino.

 

Así fue: el rey Marcos finalmente cedió a las malas lenguas, y tras varios intentos fallidos por parte de los varones llegó la prueba concluyente: un hilo de sangre de una herida insignificante de Tristán se podía ver en la cama que cada noche compartían el rey Marcos e Isolda la Blonda. El odio no se hizo esperar y construyó una hoguera para quemarlos el mismo día. Camino de la hoguera, Tristán consiguió escapar, pero cuando el rey supo que Tristán se había escapado, su odio creció tanto como las llamas que ahora se levantaban delante suyo. Ya a punto de echar a la hoguera a la que había sido su dulce esposa, el grupo de leprosos de Cornualles habló: ¿realmente la odiáis y queréis que muera en un instante?, le dijeron.

 

La propuesta de los leprosos era macabra: que les dieran a Isolda la Blonda para vivir entre ellos, para convertirse en una de ellos y ver cómo su cuerpo radiante se iba deformando en una muerte cruel y lenta. Una venganza perfecta que el buen rey Marcos no desaprovechó. Los leprosos se llevaron a Isolda la Blonda pero ignoraban que Tristán bien pronto se la arrebataría de nuevo para llevársela a la profundidad de los bosques de Cornualles.

Probar lo improbable

Dos años vivieron en medio del bosque acompañados del fiel Governal. Extrañamente felices, los harapos y la comida primitiva no les molestaban. Pero el veneno del amor no los eximía de los remordimientos y por eso cada noche sus cuerpos desnudos se juntaban, pero sin llegar nunca a tocarse. Una espada separaba los dos jóvenes en señal de castidad. Así fue como se los encontró el rey Marcos cuando descubrió la cabaña. No estaban acurrucados, el uno sobre el otro, entrelazando brazos y piernas como correspondería a cualquier pareja de amantes. Y comprendió. Puso su espada en lugar de la de Tristán separando de nuevo a su amigo y a su esposa. El mensaje era claro, podían volver a casa.

Tsitán e Isolda
Tristán e Isolda

A su regreso, las voces de los varones no se hicieron esperar. De nuevo pedían el exilio de Tristán, y contra su propio corazón, el rey Marcos accedió. También pidieron el juicio del hierro rojo para Isolda la Blonda, según el cual si decía la verdad, al coger el hierro al rojo vivo su mano quedaría intacta. La bella dama no tembló. Envió un mensaje a Tristán, que no se había marchado de la comarca, pidiéndole que fuese a la playa vestido de mendigo.

 

El día señalado, llegaron en barco al juicio, pero Isolda pidió la ayuda de algún mendigo para no mojarse el vestido. El harapiento Tristán se acercó y cogiéndola entre los brazos la llevó hasta la arena, donde Isolda la Blonda le hizo caer. Ya os imagináis por qué. Al hacer el juramento fue concisa: os puedo prometer que nunca en la vida nadie más que el rey Marcos y este mendigo que acabáis de ver me ha tenido entre sus brazos. El hierro al rojo vivo fue como agua para las manos de Isolda.

Un triste final

Recuperada la confianza del rey y cumplido el juramento, Tristán decidió que era el momento de alejarse si no quería volver a traer la desgracia a la vida de su amada. Los amantes se separaron por primera vez. No podían vivir ni morir el uno sin el otro. Separados, no era la vida ni la muerte, sino la vida y la muerte a la vez. En la distancia, los celos aparecieron en sus corazones. Tristán había cabalgado todas las tierras del Mediterráneo ofreciendo sus servicios de caballero en diferentes reinos. Ni un mensaje de Isolda la Blonda. La veía cubierta por las amabilidades del rey Marcos mientras él vagaba por tierras lejanas.

 

Finalmente, en el reino de Bretaña aceptó la mano de una dama que, ironías del destino, tenía por nombre Isolda de las Blancas Manos. En el mismo momento que aceptó se arrepintió; cuando la tuvo en la cama nupcial le mintió: no podía darle su cuerpo hasta pasados seis meses.

No pasaron seis meses que, en una de las batallas que Tristán libró para defender su nuevo reino, otra vez entró el veneno en sus venas. Esta vez, no obstante, no había remedio. No podía ser más desgraciado y en la desgracia, había confesado al hermano de Isolda de las Blancas Manso, ahora su amigo, su tortura. También un veneno, ¡pero este de amor! El leal compañero se enterneció ante la petición que le hacía Tristán: ver a Isolda la Blonda antes de morir. Aceptó el favor y quedó con Tristán en que si volvía con ella, alzaría velas blancas en su barco, y si no podía hacerlo las velas serían negras.

 

Tal día llegaba ya Isolda la Blonda para ver a su amante, que la otra Isolda, la de las Blancas Manos, llevada por la rabia de saberse segunda mintió a Tristán diciéndole que el barco de su hermano alzaba velas negras. Allí mismo se fundió el cuerpo del héroe y todavía estaba caliente cuando Isolda la Blonda entró en la habitación. Pero aquel calor era sólo un recuerdo de Tristán, una sombra que ya no volvería a dormir a su lado. Y así mismo, como había entrado, se tumbó sobre el cuerpo muerto de Tristán para morir ella también. No eran nada si no estaban juntos. Y también juntos, moría ahora uno contra el cuerpo del otro.

     

Algunas reflexiones:


El paso del tiempo renovó la leyenda en versiones, interpretaciones y porqué no, también hubo de servir de inspiración para la creación de otros amores trágicos como los de Romeo y Julieta 
 o Brunilda y Sigfrido.

Su estructura compleja provoca asombro al tratar de imaginar cómo los itinerantes trovadores eran capaces de llevar en su memoria tanta cantidad de episodios, personajes y sentimientos.

 

Pero no es simplemente una historia bien contada, es la epopeya de un amor pasional, que crea sus propias reglas, que quebranta la moral y las convenciones de una época, es la reformulación de algunos mitos y la comprobación de otros; es al mismo tiempo la destrucción de arquetipos tradicionales y la elaboración de nuevos.

 

Podría decirse que la historia se divide en dos universos opuestos; el primero narra el viaje de un héroe predestinado a la tragedia, que no duda jamás en ponerse al servicio del honor y la defensa de los débiles y posteriormente, la crónica se vuelve una sucesión de trampas que ha de tenderle al héroe el amor que le profesa a una mujer que le está prohibida. Una princesa y más tarde reina, quien además será la esposa de su tío.

 

Es el amor, la pasión oculta dentro de la metáfora de una poción, el que rompe los esquemas de un relato convencional de heroicos y honorables protagonistas, y la naturaleza mágica de esa filtro los transporta a través de la historia, los vuelve carne y sangre, para reflejar en su amor imperfecto, en sus peores defectos y en sus mas admirables virtudes, el alma del lector que por primera vez conoce la leyenda.

 

Para saber más:

 Joseph Bédier. «El romance de Tristán e Isolda David González Ruiz (2010).

«Breve Historia de las Leyendas Medievales». Consultado el 27 de diciembre de 2012. Fiona Swabey (2004).

«Eleanor of Aquitaine, Courtly Love, and the Troubadours» (en inglés) p

 

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19 julio 2013 5 19 /07 /julio /2013 18:46

Este es uno de mis programas radiofónicos preferidos.
En guardia analiza los hechos de la historia de Cataluña con profesores y expertos. Tratan de temas de lo más diversos,desde las guerras napoleónicas a la invención del cine o la carrera espacial.
Os lo recomiendo firmemente, si os gusta la historia aquí teneís vuestro lugar.

 

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http://www.catradio.cat/pcatradio3/crItem.jsp?seccio=programa&idint=944

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24 junio 2013 1 24 /06 /junio /2013 17:49

 

lais-de-maria-de-francia.jpgSe sabe muy poco de su autora, María, pero se cree que nació en Francia y que vivió en Inglaterra donde escribió los layes a finales del siglo XII. Hay conjeturas que identifican a María de Francia con María de Champagne, hija de Leonor de Aquitania, ya que parece ser que la autora de estos "lais" tenía mucha relación con la corte de la Champagne.

Los Lais de María de Francia, escritos en versos octosílabos, son notables sobre todo por su celebración del amor, su originalidad y la viveza de sus descripciones, que constituyen un hito en la literatura de la época. Se conservan cinco manuscritos diferentes de los Lais, pero sólo uno contiene los doce: el denominado Harley 978, del siglo XIII, conservado en la British Library. Se ha sugerido que, si la autora efectivamente dispuso los Lais tal y como aparecen en Harley 978, lo hizo para contrastar los efectos positivos y negativos del amor en la conducta humana.1 En este manuscrito, los lais impares, como Guigemar, Le Fresne, etc., alaban a los personajes que expresan amor por otras personas, mientras que los lais pares, como Equitan, Bisclavret, etc., advierten que el amor que se limita a uno mismo puede llevar a la desgracia.

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El manuscrito Harley 978 incluye además un prólogo de 56 versos en el que la autora describe los motivos por los que compuso los lais: explica que tomó por modelo a los clásicos griegos y latinos para crear una obra que entretuviera e instruyera al mismo tiempo. También afirmó su deseo de preservar para la posteridad los relatos que había oído a lo largo de su vida. Dos de los lais -Lanval, una obra muy popular y muy adaptada durante la Edad Media, yChevrefoil ("la madreselva"), una breve composición sobre Tristán e Isolda- mencionan al Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, lo que convierte a María de Francia en precursora de buena parte de la literatura artúrica posterior, junto con su contemporáneo Chrétien de Troyes.

 

                                                              LOS DOS AMANTES
[Cuento. Texto completo]

María de Francia

Sucedió antaño en Normandía una aventura muy famosa de dos jóvenes que se amaron y murieron víctimas de su amor. Los bretones los recordaron en un lai que tuvo por título Los dos amantes.
 
Fuera de toda duda está que en Neustria, que nosotros llamamos Normandía, hay una montaña maravillosamente alta. En su cumbre yacen los dos jóvenes. En un lugar al pie de esta montaña, un rey, señor de los pitrenses, tras haber reflexionado y con muy buen acuerdo, hizo construir una ciudad. Tomó ésta el nombre de Pitres, en recuerdo de sus pobladores, y ese nombre se ha conservado hasta hoy; aún existen la ciudad y las casas. Bien conocemos la comarca que se llama Valle de Pitres.
 
El rey tenía una bella hija, doncella muy cortés. No tenía más hijo ni hija. Fue pretendida por nobles caballeros, que mucho hubieran dado por conseguirla. Pero el rey no quería entregarla, pues no podía vivir sin ella ni prescindir de su compañía: día y noche estaba a su lado. La pequeña le consolaba de la pérdida de la reina. Muchos le criticaban por ello; hasta los suyos se lo censuraban.
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Cuando el rumor adverso se generalizó, al rey le pesó mucho, y sintió gran tristeza. Comenzó entonces a pensar en cómo podría salir airoso del trance sin entregar a su hija. Para ello, hizo público en todas partes que quien pretendiese desposarla habría de cumplir un requisito: era decisión inquebrantable del monarca que debería llevarla en brazos hasta la cumbre del monte cercano a la ciudad, sin pararse a tomar aliento.
 
Cuando la nueva fue conocida y difundida por la comarca, muchísimos lo intentaron y no obtuvieron nada a cambio. Alguno hubo que, en su esfuerzo, alcanzó a subirla hasta la mitad del monte, pero no podían llegar más lejos; les era imposible continuar con su preciosa carga entre los brazos. Largo tiempo permaneció así la doncella, sin que nadie intentase solicitarla.
 
En la comarca había un doncel, gentil y bello, hijo de un conde. Se esforzaba en cosas difíciles, con ánimos de sobresalir. A menudo habitaba en la corte del rey, y llegó a enamorarse de su hija. Muchas veces le suplicó que lo amase y le concediese su amor. Como era esforzado y cortés, y el rey lo tenía en gran estima, ella le otorgó su amor, y él se lo agradeció humildemente. Hablaban juntos con frecuencia y se querían con lealtad, y hacían lo posible por no ser descubiertos. Esto último les pesaba sobremanera, pero el joven pensaba que más valía sufrir estas molestias que precipitarse y echarlo todo a perder. Amarga era, sin embargo, para él esta situación.
 
Mas ocurrió que en cierta ocasión llegó el doncel, tan sabio y bello, hasta su amiga. Le hizo partícipe de sus pesares y, dolorosamente, le pidió que se fuese con él; no podía resistir más. Si la pedía a su padre, sabía bien que éste la quería tanto que no se la concedería, a no ser que la subiese antes en brazos hasta la cumbre de la montaña.
 
La doncella le respondió:
 
-Amigo, bien sé que no podríais llevarme, no sois ni mucho menos tan vigoroso. Si me fuese con vos, mi padre sentiría tanta cólera como dolor, y su vida no sería sino un martirio. Siento por él un cariño tan grande que no quisiera enojarlo. Debéis tomar otra decisión, pues de ésta no quiero ni oír hablar. Tengo una tía en Salerno, mujer rica, de elevadas rentas. Hace más de treinta años que habita allí. Ha practicado tanto el arte de la física que es muy experta en medicinas y conoce numerosas hierbas y raíces. Si vos quisieseis ir a verla, llevarle cartas de mi parte y darle cuenta de vuestra aventura, ella procuraría poner remedio. Os dará tales electuarios y os proporcionará tales bebedizos que os reconfortarán por completo y os proveerán de gran vigor. Cuando volváis a esta región, me solicitaréis a mi padre. Os considerará muy niño aún, y os dirá lo anunciado: que no me entregará a ningún hombre, si no lleva a cabo la hazaña de transportarme en brazos hasta el monte sin descansar. Aceptad esta condición, pues no hay otro remedio.
 
El doncel escuchó atentamente el consejo de la doncella. Muy alegre está, y agradecido. Después pide a su amiga licencia para partir, y se encamina hacia su casa.
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Allí se provee a toda prisa de ricos paños y dineros, de caballos y palafrenes. Consigo se ha llevado a sus hombres más dignos de confianza. Parte, llega a Salerno y, una vez allí, va a visitar a la tía de su amiga. De su parte le da un mensaje escrito. Cuando la dama de Salerno lo ha leído de cabo a rabo, lo retiene a su lado hasta conocer por extenso su situación. Luego, fuerzas le da con sus medicinas, y le suministra un brebaje tal que jamás estará tan agotado y abatido que no pueda refrescarse todo el cuerpo, las venas y los huesos, y que no recobre todo el vigor, tan pronto como lo haya bebido. Él guarda el bebedizo en un pequeño frasco y se lo lleva a su país.
 
A su regreso, el doncel, alegre y contento, no se detuvo en sus tierras. Fue directamente a pedir al rey la mano de su hija: tomaría a ésta en brazos y la trasladaría hasta la cumbre de la montaña. El rey no le ocultó en modo alguno que lo tenía por gran locura, porque era demasiado joven. ¡Tantos valientes y sabios varones lo habían intentado sin conseguirlo! Por fin, le fija un día para la prueba. Llama a sus hombres y a sus amigos, a cuantos puede encontrar. De todas partes vienen gentes para ver a la joven y al doncel que ha emprendido la aventura de llevarla hasta lo alto del monte. La doncella, mientras tanto, se prepara; se priva de alimentos, ayuna para adelgazar y hacerse más ligera, con el fin de ayudar a su amigo.
 
El día señalado, el doncel llegó antes que nadie, y no olvidó el brebaje mágico. Por su parte, el rey condujo a su hija a la pradera, junto al Sena, donde una inmensa muchedumbre se había congregado. La doncella no viste sino una túnica. El joven la coge entre sus brazos y le entrega la botellita con todo su preciado líquido. Él piensa que no va a traicionarle tan milagrosa pócima, pero yo temo que le vaya a servir de muy poco, pues no hay en él mesura alguna.
 
Parte velozmente con ella, y sube la pendiente hasta la mitad. Por lo alegre que está de tenerla en sus brazos, no se acuerda del bebedizo. Ella le va viendo cansado.
 
-Amigo -dice-, bebed, os lo ruego. Sé bien que os halláis fatigado. ¡Renovad vuestro vigor!
 
El doncel le responde:
 
-Bella, siento mi corazón fuerte como al empezar. Por nada del mundo me detendré el tiempo necesario para beber, mientras pueda dar tres pasos más. La multitud nos gritaría, y su clamor acabaría por aturdirme; no tardaría mucho en verme turbado. Por eso no quiero detenerme.
 
Cuando llevaban subidos los dos tercios de la pendiente, por poco se caen. La doncella le ruega sin cesar:
 
-Amigo, ¡bebed vuestra medicina!
 
Pero él no quiere hacerle caso. Con gran angustia continúa la marcha, hasta que al final llega a la cumbre del monte. Pero tan agotado está que allí cae, para no levantarse más: el corazón le ha estallado dentro del pecho. La doncella mira a su amigo, piensa que ha sufrido un desmayo. Se arrodilla a su lado, intenta darle el brebaje. Pero él ya no podía responderle. Así, tal como os lo digo, murió. Ella llora a grandes gritos. Después arroja y hace añicos el frasco que contenía el bebedizo. El líquido se esparce y riega la montaña. Toda la comarca se tornó fértil. Muchas buenas hierbas crecieron por efecto del brebaje.
 
Ahora os hablaré de la doncella. Nunca tuvo un dolor tan grande como la pérdida de su amigo. A su lado se acuesta, entre sus brazos le retiene y aprieta, de continuo le besa ojos y boca. El duelo le quebranta el corazón. Y allí murió la doncella, la que era tan discreta, sabia y hermosa.
 
El rey y cuantos esperaban, viendo que no volvían, siguen su pista hasta encontrarlos. A la vista de los cadáveres, el rey cae en tierra, desvanecido. Cuando puede hablar, muestra signos de gran duelo, igual que todos los demás. Tres días los dejaron sobre la tierra. Luego buscaron un sarcófago de mármol, y allí depositaron a ambos jóvenes. El entierro tuvo lugar en la misma cumbre de la colina. Después, todos volvieron a sus casas.
 
Por la aventura de los jóvenes recibe la montaña el nombre de «Los dos amantes». Todo ocurrió como os he dicho. Los bretones hicieron de ello un lai. 
 
FIN
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24 junio 2013 1 24 /06 /junio /2013 16:06
El caballero del Cisne


Lohengrin o también llamado el Caballero del Cisne, es un héroe de los mitos europeos medievales absorbido por la leyenda artúrica, como hijo de Percival, el caballero del Grial. 

Según se narra en un poema épico del siglo XIII, al morir el duque de Brabante, solicitó que su única hija, la bella Elsa, se casara con uno de sus caballeros, el llamado Friederich de Telramund.
Pero Elsa rechaza al caballero. Éste, indignado, se queja ante el Emperador de que la hija del duque ha roto su promesa y además la acusa de haber matado a su padre.
Ante la acusación injusta, Elsa pide ayuda a Dios ya que nadie la defiende. Esta oración hace sonar la campana del Montsalvat, en el reino del Grial. Ante este aviso de peligro un caballero del Grial, Lohengrin va a rescatarla con ayuda de un cisne mágico.

Se produce un combate singular entre Friederich y Lohengrin, en el que el caballero del cisne se proclama vencedor, demostrando así, la inocencia de Elsa. No lo mata, sin embargo, el Emperador, más tarde, condena a muerte al caballero Friederich.

Tras la victoria, Lohengrin se casa con Elsa, convirtiéndose en el nuevo duque de Brabante. Pero había una condición, ella jamás podía preguntale a su amado como se llamaba o de donde provenía. El propio Grial había dispuesto que cuando alguno de sus caballeros salieran del reino, lo habrían de hacer en el más absoluto anonimato, ya que si se descubría su identidad se verían obligados a regresar.

Varios años después y tras haber tenido varios hijos, Elsa no soporta la idea de no saber cual es la identidad de su esposo y decide hacerle la pregunta prohibida. Lohengrin por ello, debe regresar a proteger el Grial, abandonando a su dama y a sus hijos y dejandoles tan solo como herencia su espada, su cuerno y su anillo.


Bibliografía: 


www.mitosyleyendas.idoneos.com


www.wikipedia.com


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18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 15:23

429415 0La Edad Media es un periodo prolífico en leyendas de todo tipo. Es un periodo  recordemos que abarca más de 1000 años de historia( 476-1492) y que ha  sido debate de numerosos interrogantes. Edad oscura, época de transición o ni la una ni la otra? Lo que es cierto es que el hombre y la mujer de la Edad Media eran personas en su mayoría analfabetas, ya que la cultura escrita, permanecía como exclusiva de los clérigos y la nobleza. Es por eso,que el hombre medieval era un ser que vivía de la cultura visual y oral. Las imágenes( retablos religiosos, reliquias de santos) y la palabra (sermones religiosos, leyendas) se convirtieron en el instrumento de adoctrinamiento de la población. Por tanto en el mundo occidental medieval, el imaginario colectivo que cohesiona y da vida al pueblo se fundamenta sobretodo en el aspecto simbólico religíoso.

 

Este Blog está dedicado a esas leyendas medievales, las cuales a través de su relectura nos permiten entender la mentalidad de esa época; sus alegrías, sus sueños, sus miserias etc..

 

Esta leyenda medieval cuenta la historia de la Papisa Juana. Personaje olvidado de la historia o simple leyenda? En síntesis, el relato de la leyenda sostiene que existió una mujer que ejerció el papado católico  ocultando su feminidad y haciéndose pasar por hombre. Juana, fue según la mayoría de versiones  hija de un monje de Maguncia y se sitúa su nacimiento en el año 822. La pequeña Juana fue desde pequeña inquieta y curiosa, y su padre consciente de ello, la ayudo en sus estudios convirtiéndose en una pequeña erudita, desde joven. Más tarde Juana, debía decidir que hacer con su vida, y como su deseo era continuar con sus estudios, ingresó en un monasterio, haciéndose pasar por un joven novicio. En el convento Juana conoce a otro novicio y se enamora perdidamente de él. Este "amor prohibido" es prontamente truncado debido a la marcha del joven clérigo a Roma. Juana que continuaba enamorada de él, decide seguirlo y marchar a Roma también en su busca. Juana según la leyenda, obtuvo una notable posición rápidamente dentro de la Curia romana, gracias a sus grandes dotes intelectuales, llegando a ocupar el sitio de secretario del Papa León IV. Un año después el octogenario papa fallece y Juana es elegida por todos los cardenales como nuevo Papa, con el nombre de Juan VIII. Lo que pocos sabían es que Juana había sido fecundada por su enamorado, y que en pocos meses daría a luz un hijo. Y así como fue, que Juana a pesar de sus intentos por  disimular su estado, acabó por parir dentro de una ceremonia religiosa en un templo católico. La sorpresa dentro de la iglesia fue mayúscula, así como el estado de estupefacción. Juana fue separada de su recién nacido y lapidada por la multitud, a lo pies de la misma iglesia.

 

Para que nunca más sucediera algo semejante, se instauró como obligatorio comprobar antes de cada nombramiento papal, su virilidad. Una comprobación que aún se mantiene en la actualidad vigente y que se realiza mendiante la comprobación en un silla perforada, de la virilidad del sujeto. Si bien es cierto, que no hay ninguna prueba que pudiera otorgar credibilidad histórica a esta leyenda, su narración corrió como la espuma por la época dentro de todos los sectores sociales. Y el pavor que algún día pudiera a suceder algo así, y que una mujer fuera nombrada Papa de Roma se instauró durante mucho y mucho tiempo. Y esta es la pequeña leyenda medieval de la Papisa Juana.

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  • : Blog sobre leyendas y mitos,está dedicado a esas leyendas medievales, las cuales a través de su relectura nos permiten entender la mentalidad de esa época; sus alegrías, sus sueños, sus miserias etc. Pretende tratar temas históricos desde una vertiente cercana, y amena. La Edad Media y sus mitos regresan hasta nuestros días.
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