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10 mayo 2012 4 10 /05 /mayo /2012 18:33

 
 

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Valiente, magnánimo, leal, generoso con sus amigos, encarnizado enemigo y el enamorado más puro del mundo. Estos son los adjetivos que mejor definen a sir Lancelot, un hombre desdichado por tener que elegir entre el amor y el deber, entre la pasión y la honestidad, entre su rey y su reina. Intentó ser fiel a ambos pero era algo imposible de lograr y con su caída arrastró al reino de Arturo.

 

Casi todas las leyendas sitúan su nacimiento en Bayona, cerca de la frontera franco-española, y era hijo del rey Ban de Benwick. Nada más nacer, su padre se vio envuelto en una guerra con un rey vecino, Claudas, que invadió el reino y obligó a huir a su familia. Mientras escapaban, Ban volvió la cabeza y viendo destruido todo lo que tenía, cayó desmayado, siendo atendido por su esposa Elena, la cual para ello dejó a su hijo solo un momento, lo que aprovechó la Dama del Lago para llevárselo. Desde entonces no volvieron a verle.

 

Lo cierto es que la Dama deseaba un hijo y al no poder tenerlo optó por raptar al hijo del destronado rey Ban. Ella le crió y le dio un nuevo nombre, por el que pasaría a la historia: Lancelot. Sobre la Dama del Lago circulan varias leyendas, algunas dicen que era una señora poderosa y rica, con abundantes posesiones en Europa; otras, en cambio, la señalan como una habitante del lago, un hada o ser sobrenatural.

 

Sea como fuere, parece ser que Lancelot fue criado en el mundo de las Cortes europeas, donde aprendió con rapidez modales caballerescos y destreza con las armas. Se relacionaba entonces con sus primos Boores y Lionel, con los que se crió hasta cumplir los dieciocho años, edad suficiente para unirse a la corte de Camelot, que le había entusiasmado desde hacía años. Con el tiempo, pasaría a la historia como uno de los caballeros más destacados de su famosa Mesa Redonda.

 

Su relación con el rey Arturo fue siempre de amistad y entrega personal, siendo de gran ayuda tanto para él como persona, como para Camelot. Sin ninguna duda era respetado y querido por Arturo, quien desde siempre lo consideró su lugarteniente y mejor aliado... Pero el destino se empeñó en que ambos amaran a la misma mujer, la reina de Camelot: Ginebra.

 

De hecho, una de las primeras tareas que le encomendó el rey fue ir en busca de su prometida, Ginebra, y llevarla hasta Camelot para la boda. Aquí empezaría a mascarse la tragedia, comenzando, sin poder ambos evitarlo, Ginebra y Lancelot, su historia de amor platónico.

 

Lancelot, no obstante, terminó por declarar su apasionado amor a Ginebra, quien también le correspondía, si bien, ambos fueron siempre conscientes de la imposibilidad de materializarlo. Eso hizo que la vida de Lancelot se convirtiera en una continua lucha entre su deseo y su conciencia, entre su amor por la reina, su amistad hacia el rey y sus obligaciones en Camelot, así como en una constante búsqueda de métodos para alejarse de la Corte y de Ginebra.

 

Por aquellos días un grupo de campesinos de la aldea de Carbonek, donde gobernaba el rey Pelles, llamó a Lancelot para decirle que la hija de éste estaba encerrada desde hacía cinco años dentro de la torre de un castillo próximo y que nadie había conseguido liberarla. Los aldeanos le acompañaron a la puerta del recinto y Lancelot entró con su típica audacia y valentía, rescató a la doncella y escaparon ambos. La muchacha le contó que Lady Morgana y la reina del Norte de Gales la habían encerrado allí mediante encantamientos, por envidia, pues se decía que ella era la mujer más hermosa de aquellos lares, y que tan solo el mejor caballero del mundo podría liberarla del hechizo y rescatarla. Esto hizo que desde entonces y hasta siempre Lancelot fue considerado “el mejor caballero del mundo”. La joven se llamaba Elaine.

 

Cuentan también que allí en Carnobek campaba a sus anchas un dragón que desde hacía años atormentaba a las gentes del lugar, por lo que éstas, aprovechando la presencia de Lancelot, le pidieron que acabase con el monstruo. En el camino hasta la guarida del dragón vio una tumba donde había una inscripción que decía:"Hasta aquí llegará un leopardo de sangre real que matará a la serpiente que vive bajo esta losa. El leopardo engendrará a un león que será el mejor caballero del mundo". Finalmente, el dragón murió a manos de Lancelot, pero esa inscripción quedó grabada en su cabeza, pues el leopardo representaba el emblema de Lancelot, el que lucía en su escudo.

 

El rey Pelles dio una gran fiesta para celebrar el regreso de su hija y la muerte del dragón. Lo que nadie esperaba fue la aparición de una paloma que llevaba en el pico un incensario que, al verterse, hizo que todo se impregnara de un maravilloso olor. A continuación apareció una doncella con una copa en la mano. Todos se arrodillaron y elevaron plegarias al cielo. Al poco doncella y copa desaparecieron. Sir Lancelot no entendía nada, hasta que el rey Pelles le explicó que lo que acababa de ver era el Santo Grial.

 

La princesa Elaine se había enamorado de Lancelot y se lo comunicó a una doncella suya que era una gran hechicera. La hechicera le dio un veneno a Lancelot y este quedó a merced de la dama, casándose ambos esa misma noche. Fueron después de la boda a unos aposentos preparados al efecto y privados de toda luz, pues para que el encantamiento tuviera efecto la oscuridad debía ser absoluta. Cuando Lancelot despertó por la mañana lo primero que hizo fue abrir de par en par la ventana y al hacerlo desapareció el encantamiento, por lo que al mirar en el lecho y ver a Elaine no sabía a que atenerse. Elaine le contó lo sucedido y como Lancelot creía que su fuerza en el combate provenía de los votos de fidelidad, hechos tanto a su rey como a su reina, se sintió débil, inútil y desgraciado. En cuanto pudo regresó a Camelot, abandonando a Elaine y deseando ver a la auténtica reina de su corazón: Ginebra.

 

Antes que él, llegó a Camelot la noticia de que Lady Elaine había tenido un niño al que llamó Galahad. Al enterarse la reina Ginebra de lo sucedido, sólo pudo llorar e insultarle, llena de indignación. Le llamó traidor y le dijo que le odiaba y no quería volver a verle. A tal efecto, le obligó a partir de Camelot en una misión que duraría años.

 

Cuando regresó, estaban esperándole su suegro, su esposa y su hijo Galahad, pero a Lancelot aún le daba miedo enfrentarse a la realidad y se encerró en una torre para que nadie supiese de su dolor por sus verdaderos sentimientos de amor. Los comentarios no cesaron y la reina Ginebra, que ya había olvidado todo lo sucedido, volvió a enemistarse con él, aunque seguía amándole con todas sus fuerzas. Ambos eran conscientes de la imposibilidad de su amor, pero el mismo hecho de esa imposibilidad hacía que se deseasen más todavía. Él no pudo aguantar la situación y huyó a los bosques, donde pasó dos años privado de razón. Fue encontrado y cuidado por Elaine, con la que convivió finalmente durante algunos años.

 

Poco después emprendió a fondo la búsqueda del Grial. Llegó hasta la puerta de la capilla que lo guardaba, pero una presencia angelical le hizo saber que su pecaminoso amor por la reina, aun siendo platónico, le impediría seguir con la búsqueda, pues no era digno de ella.

 

No soportando más la lejanía de su amada, Lancelot regresó a Camelot para ver a Ginebra. Pero allí Mordred, el hijo que Arturo había tenido extramaritalmente con su propia hermanastra Morgana, sorprendió a Lancelot y a Ginebra en los aposentos de la reina, justo en el momento en que ambos habían decidido, por el bien del reino, dar por terminada su relación, por más que su amor insatisfecho los destrozara. El caso es que Mordred, que era de naturaleza ruin y malvada, aprovechó la coyuntura para acusarles de adulterio y de estar tramando la caída de Arturo. Sus insidias y acusaciones terminaron por convencer al rey, quien, celoso y sintiéndose traicionado, condenó a la reina a la hoguera y a Lancelot al destierro de por vida, expulsándole asimismo de su orden de caballeros.

 

Así fue, pero el amor de Lancelot fue más fuerte y, justo cuando iban a quemar a Ginebra, regresó para rescatarla y llevársela consigo. En su camino tuvo que matar a los hermanos de sir Gawain, provocando un conflicto que terminó con la usurpación por parte de Mordred del trono de Arturo.

 

Ginebra y Lancelot materializaron durante una sola noche un amor que durante años había sido platónico. Sin embargo, la reina, pese a amar con locura a su caballero, decidió que su deber era regresar con Arturo a Camelot, donde éste luchaba contra su propio hijo. Arturo la perdonó.

 

En la batalla final, Mordred murió a manos de su padre, si bien, antes de morir le hirió gravemente. Mortalmente herido, Arturo fue llevado a Avalon para morir allí. Entre tanto, Lancelot volvió también para ayudar a Arturo, sin saber que agonizaba. Enterado de todo, visitó a Ginebra, la cual, torturada por los remordimientos, había ingresado en un convento y hecho votos de castidad para el resto de su vida. Dolido hasta el infinito, Lancelot decidió convertirse en ermitaño.

 

Su devoción por Ginebra fue absoluta y duró hasta su muerte. Fue él quien años más tarde recogió del convento el cadáver de su reina para sepultarla junto al cuerpo de Arturo. Enterrada su amada, él sobrevivió sólo seis semanas más, ya que dejó de comer y apenas si bebía nada. Por la noche, en lugar de dormir, deambulaba por los bosques o se pasaba horas enteras ante la tumba de Ginebra, hasta que estuvo demasiado débil para caminar. Sintiendo su fin cerca, pidió a su amigo sir Bors que cuando muriera le llevasen a uno de sus castillos, el llamado Guardia Gozosa, y allí le sepultaran. Así se hizo. Fue él final y la leyenda de un héroe que pasaría para siempre a la historia como el mejor de los caballeros y el mejor de los hombres.

 

Con este último post sobre Lancelot y la Tabla Redonda, finalizamos, de momento, esta interesante recopilación sobre la historia y las leyendas relacionadas con el Ciclo Artúrico. La intención era hacer una aproximación histórica a los personajes, para que depués todo aquel interesado en el tema, pueda seguir profundizando en los personajes y las leyendas ligadas a ellos. Sobre el Rey Arturo, se ha publicado mucho, y hay centenares de páginas en internet dónde se puede encontrar más información, es por ello que lo dejamos abierto a posibles nuevos posts. Queda por hacer entre muchos, uno relacionado con la espada de Arturo, la famosa Excalibur.

 

 

 

A partir de aquí, en adelante, nos centraremos en leyendas menos conocidas pero igual de atrayentes, leyendas locales, o sobre personajes no tan tratados, no tan "mediáticos", con el fin de atraer la atención sobre ellos, y así hacer un interesante ejercicio de investigación histórica. Cualquier sugerencia será bien recibida.

 


Un saludo

 

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Publicado por leyendas medievales - en Ciclo Artúrico
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Comentarios

Hernan Figueroa 10/16/2016 15:43

A mi un caballero que siempre me ha parecido menospreciado pero que era el tercero en la tabla fue Lamorak, ojala escribas algo sobre el, se decía que solo entre Lancelot, Tristán y el se podían ganar; y tuvo una muerte igual de tragica a los otros 2 por amor.

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