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20 julio 2013 6 20 /07 /julio /2013 00:25

Allá por el año 999 fue elegido el primer papa francés, Gerberto de Aurillac, que llegaría al año 1000 con el nombre de Silvestre II. Era un sabio que había aprendido algunos de los muchos saberes que dominaba en Córdoba y Sevilla. Fue allí, con los árabes, con los que llegó a convertirse en un experto astrónomo y matemático, algo que en la Europa cristiana de aquellos años no tenía nada de normal.

Silvestre II con una esfera armilar, con la tierra en el centro y las órbitas de los planetas alrededor

 

Sería por aquello, y también por historias políticas en las que no vamos a entrar ahora, que algunos de sus contemporáneos, de esos que siempre prefieren buscarle tres pies al gato, decidieron que todos aquellos saberes no eran normales, y que se debían… ¡¡¡a un pacto con el demonio!!! Y claro, enseguida empezaron a inventarse todo tipo de historias. Se llegó a decir, por ejemplo que mientras él nacía en Francia, a miles de kilómetros de allí, en Jordania, un gallo cantó tres veces y se escuchó hasta en Roma. También se contaba que cuando era niño un temible ermitaño que vivía en una cueva y decía que era descendiente de los druidas le había predicho un magnífico futuro, enseñándole además la magia celta. Y que cuando tenía 12 años unos monjes lo vieron tallando una rama para hacerse un tubo con el que observar las estrellas, y se lo llevaron a estudiar a la abadía. En fin, ya se sabe: cuando un personaje llega a ser importante desde abajo lo normal es inventarle una infancia que esté a la altura de las circunstancias para justificar semejante ascenso, cuanto más legendaria mejor.

Relieve en la base del monumento que hay en Aurillac, en el que se ve a los monjes encontrando al niño que fabrica un tubo para mirar las estrellas

 

Después de aquella estancia por tierras andaluzas de la que hemos hablado antes empezó a hacer carrera en serio: fue a Roma y el emperador de Alemania lo nombró tutor de su hijo; el arzobispo de Reims lo llamó para que diera clases en la escuela que tenía en la catedral; y como además introdujo en Francia el sistema decimal y el cero, construyó un globo terrestre, un órgano, relojes… y hasta unas cabezas parlantes que respondían a lo que se les preguntaba e incluso predecían el futuro, pronto empezaron a correr rumores de que practicaba la brujería.

El papa Silvestre II con un demonio que, de tan feíco que es, da ternura

 

La cuestión es que en el año 999 fue elegido papa. Por cierto, ¿sabéis cómo funciona la elección? Hoy se encierra a los cardenales en la capilla Sixtina y se cierra con llave (“cum clavis“, de ahí la palabra cónclave) para asegurarse de que no haya intromisiones. Sin embargo, en época de Silvestre II la capilla todavía no se había construido, y la nobleza romana participaba en la elección. En cualquier caso, nos olvidamos de la cuestión más importante: es el Espíritu Santo el que inspira a los electores, pero… los enemigos de Silvestre II (que en aquellos tiempos tan revueltos eran muchos) hicieron correr la voz de que el demonio, viejo conocido suyo según se decía, había entretenido al Espíritu Santo y había manipulado la elección en favor de su candidato. Vamos, el típico pucherazo de toda la vida.

        Monumento a Silvestre II en Aurillac, su ciudad natal

 

Poco duró su pontificado, pues cuatro años después murió. Ahora bien, ¿cómo? Pues hay todo tipo de leyendas. Se dice que se arrepintió de su pacto con el diablo y que pidió que su cuerpo fuera descuartizado y que no lo enterraran en tierra sagrada. También se cuenta que el acuerdo consistía en que el demonio tomaría su alma cuando él fuera a Jerusalén, cosa que no tenía ninguna intención de hacer, pero… resulta que entre sus muchos conocimientos no debía estar un detalle que conocía todo el mundo: la basílica de Santa Cruz en Jerusalén, en Roma, había sido construida sobre tierra traída… Ya sabéis de dónde, ¿no? Pues claro, de la mismísima Jerusalén. Así que cuando un día el papa fue a visitarla…

        Basílica de Santa Croce in Gerusalemme

 

Poner el papa un pie dentro y venir el demonio a cobrar su deuda fue todo uno. Eso sí, cuentan que en el acto el papa se arrepintió muchísimo de todo, cayó muerto y unos caballos alados recogieron su cuerpo y se lo llevaron a San Juan de Letrán, lo que todo el mundo interpretó como una señal clarísima de que Dios le había perdonado. ¿No hubierais pensado lo mismo vosotros? Pues claro que sí, no pongáis esa cara de incredulidad. El caso es que está enterrado allí, en una tumba de lo más misteriosa.

Para empezar, se cuenta que no está solo. ¿Quién duerme con él el sueño eterno? Una mujer. Sí, sí, una mujer en la tumba de un papa, pero aún hay más. Dicen que Satanás le había puesto para vigilarle un demonio femenino que se enamoró de él, renunció a la inmortalidad, se hizo mujer, vivió amancebada con él y están enterrados juntos. Cierto o no, esto no es lo más fuerte, ni mucho menos. Lo más impresionante es la leyenda que dice que esta tumba predice la muerte de los papas. Durante siglos, cada vez que un papa iba a morir los huesos de Silvestre II empezaban a chocar entre sí tan ruidosamente que cualquiera podía oírlos.

Tan llamativa era la cosa que un papa decidió abrirla para ver qué podía haber dentro, y en ese momento, al contacto con el aire los huesos se desintegraron y se convirtieron en polvo. ¿Fue aquello el fin de las predicciones? Pues para nada, porque parece que desde entonces la lápida suda cuando un papa va a morir, hasta el punto de que según algunos se llega a formar barro en el suelo. ¿Una exageración? Probablemente. ¿Hay algo de cierto en todo esto? Probablemente no. Pero ¿no es verdad que la vida es más bonita con historias como esta?

 

para saber más:

GERBERTO, EL PAPA DEL AÑO MIL 

PIERRE RICHE , NEREA,

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Publicado por leyendas medievales
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